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16 noviembre, 2010

San Martín de Frómista, de “palomar” a joya universal del románico

San Martín de Frómista, de “palomar” a joya universal del románico: "

Supongo que todavía será una práctica común en algunos colegios, aunque puede que con otros medios, pero recuerdo con especial cariño cierta tarde, siendo un niño, en la que en clase de historia recortábamos con cuidado por los puntos marcados en una cartulina de colores, las formas de lo que, una vez montado y pegado, sería la maqueta del templo románico “perfecto”. Era San Martín de Tours, en Frómista, iglesia palentina retratada hasta el infinito, corazón del Camino de Santiago castellano y lugar visitado por turistas de medio mundo todos los años. Seguro que su estampa te suena, he aquí esta joya que se alza orgullosa de su pasado.


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San Martín de Frómista (Palencia) – Fotografía de Santiperez (CC)


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San Martín de Frómista (Palencia) – Fotografía de Santiperez (CC)


Pero este porte elegante no siempre fue así, es más, durante siglos el aspecto depurado y limpio que hoy contemplamos era algo más desastroso, por decirlo de forma suave. Entre 1895 y 1904 el arquitecto Manuel Aníbal Álvarez y Amoroso dirigió una serie de procesos de restauración sobre el templo original para convertirlo en lo que hoy es. Y, precisamente de esos trabajos, surgió el lío entre historiadores del arte porque, durante mucho tiempo, se acusó al arquitecto prácticamente de haberse inventado la iglesia, que según algunos nunca existió en su forma actual. Así que, la supuesta perfección original, no sería más que un invento romántico decimonónico. No entraré en ese tema porque me sobrepasa la polémica, por otro lado ya bastante anticuada, pero sí quisiera mostrar algo acerca del pobre estado en que se encontraba el templo cuando se decidió restaurarlo, hace ya más de un siglo.


Cierto es que el bueno de Aníbal actuó con la mejor de las intenciones, aunque hoy día no se hubiera realizado el proceso de igual modo a como lo planteó, pero ha de tenerse en cuenta cómo se veían las cosas en su época. La historia de esta iglesia viene de lejos, pues ya hay referencias a su construcción que datan del siglo XI. Con el paso del tiempo se fueron añadiendo aditamentos a la nave original románica, aquí y allá, para dar forma a un extraño collage con porciones góticas hasta que, en 1874, el estado del edificio era tan ruinoso que se cerró al culto.


Desde entonces se convirtió en un palomar, y con esto no me refiero a que se dedicara a guardar palomas, sino que, como decimos en mi pueblo: “era un palomar”, esto es, un verdadero desastre, mezcolanza de muros abigarrados, semejante a un feo y viejo granero, hogar para aves del campo y con peligro de venirse abajo cualquier día. Un desastre que fue remediado con el proceso de restauración, o más bien de rescate porque a punto estuvo de convertirse en una ruina. Y, de acuerdo, puede que la bella estampa actual no sea ni parecida a la primitiva, pero no cabe duda de que se ha convertido en todo un símbolo de la pureza arquitectónica del románico. No hay más que ver cómo se encontraba la iglesia a finales del siglo XIX para entender que, lejos de polémicas, se trató de un trabajo admirable de reconstrucción de lo que era una verdadera ruina. He aquí cómo lucía San Martín de Frómista antes de ser rescatada.


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San Martín de Frómista a finales del siglo XIX. Fuente: www.javiero.com.es

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06 octubre, 2010

El gran puente de la Luna

El gran puente de la Luna: "

Recientemente una de las imágenes tomadas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter de la superficie de nuestro satélite nos mostraba algo nunca visto hasta ahora, un pequeño puente de roca. Realmente no tiene nada de misterioso, pues parece que el puente es fruto del hundimiento de parte de una cavidad o tubo de lava. El puente, que aparece en la fotografía original a continuación, tiene un tamaño muy modesto.


puente lunar


Este pequeño descubrimiento ha hecho recordar a Xefer cierta historia relacionada que, además, ha llamado mi atención y me ha animado a buscar un viejo recorte que en su día llegó a tener cierto eco en los medios. Por decirlo suavemente, podría afirmarse que se trató de un caso de cabezonería lunar. El 29 de julio de 1953 el astrónomo aficionado John J. O’Neill, que por entonces trabajaba como periodista científico para el New York Herald Tribute, afirmó haber visto con su pequeño telescopio una especie de puente de tierra que unía dos cráteres en la cara oeste del Mare Crisium. Según el animoso observador lunar, el puente vendría a tener una longitud de casi 20 kilómetros. Semejante monstruo fue confirmado poco después por un astrónomo profesional, Hugh Percy Wilkins, aunque para este último únicamente parecía tener poco más dos kilómetros de tamaño. Con el paso de los meses se fueron acumulando diversas observaciones que demostraron lo evidente: los dos se equivocaban. Pero para entonces Hugh ya había publicitado por doquier su gran “descubrimiento” y, al verse comprometida su posición como científico respetable, se vio obligado a dimitir como miembro de la British Astronomical Association. Por supuesto, el puente no existía, se trató de una ilusión óptica, pero sirvió al menos para dejarnos recortes de prensa tan sorprendentes como el que aparece a continuación (pinchar en la imagen para ampliar).


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El Concilio Cadavérico

El Concilio Cadavérico: "

De forma fugaz me he cruzado esta tarde con una referencia sobre uno de los más oscuros episodios de los primeros siglos de historia de la Iglesia. Ya casi ni me acordaba de cómo surgió todo, lo que nunca se me ha borrado de la mente desde que leí acerca del macabro ritual, hace ya muchos años, es la imagen recreada del cadáver de un Papa siendo interrogado por su sucesor en lo que se ha conocido como el Concilio Cadavérico. Una lástima no tener tiempo ahora para desmenuzar los siniestros detalles del caso, pero no es problema porque hace unos meses se ocupó de ello magistralmente Planeta Sapiens, a quien remito para quienes deseen conocer tan extraño suceso:


El Papa, acompañado por unos Spoleto ciegos de rabia, ordenó que el cadáver de Formoso fuera exhumado para someterlo a un juicio sumarísimo por sus pecados. El cuerpo del papa –que llevaba enterrado nueve meses– se encontraba en una avanzadísimo estado de putrefacción. Eso no supuso ningún impedimento para que, vestido con los ornamentos y vestimentas papales, fuera sentado ante el tribunal. Eso sí, tuvo que ser atado a la silla, pues el cuerpo inerte del pontífice se escurría continuamente de su asiento…


Concilio Cadavérico

Obra de Jean-Paul Laurens (1870) en la que se imagina una escena del Concilio Cadavérico.

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Los hermanos Delhuyar y el descubrimiento del Wolframio

Los hermanos Delhuyar y el descubrimiento del Wolframio: "

Este post corresponte a una versión abreviada del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja en su edición de octubre de 2010, número 64.


DelhuyarSeria prolijo enumerar todos los trabajos de [Fausto] Elhuyar, y el celoso e ilustrado empeño con que se dedicó al cumplimiento de sus deberes; recorrió a expensas suyas las mas importantes Reales minas de aquellas provincias, Zacatecas, Guanajato, Sombrerete, Bolaños, Real del Monte, Regla, Pachuca y otros departamentos próximos, difundiendo los buenos principios de la ciencia con extraordinario beneficio de las empresas, generalizando los métodos más ventajosos tanto para el laboreo de las minas como para el beneficio de sus frutos, y mejorando por lo tanto los rendimientos de aquella interesante industria; logró terminar con su influencia algunas graves cuestiones que se habían suscitado entre los individuos del Tribunal, con perjuicio considerable de los intereses de la minería; se distinguió por la pureza y economía con que desde su llegada y durante su desempeño se administraron los fondos públicos que estaban a su cargo…


Semanario pintoresco español, 22 de enero de 1843.


Puede encontrarse escrito de diversas formas, como Elhúyar, D´Elhúyar, Delhuyar, con o sin tilde, a veces incluso de formas claramente erróneas, pero se elija la forma que fuere, no cabe duda que nos estaremos refiriendo a una de las más destacadas familias de científicos de la historia de España. Delhuyar parece ser la forma más aceptada, por lo que ésta será la elegida para dar forma a estas letras que surgen a modo de sencillo recuerdo de la vida de Fausto, sin olvidar, aunque someramente, a su hermano Juan José.


De origen vascofrancés, el padre de los hermanos Delhuyar, ejercía como médico cirujano, además de complementar tal actividad con diversos menesteres como la fabricación de aguardientes, en la ciudad de Logroño, como también anteriormente había hecho en Bilbao. Corría el año 1754, cuando la familia hacía menos de un año que se había instalado en tierras riojanas, cuando nació Juan José, hijo de Juan Delhuyar y Úrsula de Lubice. Con el tiempo el pequeño Juan José se convirtió en uno de los químicos más célebres de su tiempo pero, curiosamente, la historia siempre le ha hecho sombra porque su hermano menor llegó más alto y más lejos, lo cual no resta mérito alguno a la obra de Juan José. Puede decirse que Fausto, el hermano mediano de un conjunto de tres que se cerró con el nacimiento de una niña, María Lorenza, gozaba de un espíritu aventurero y extrovertido mucho más marcado que el de su hermano, más dado a la vida tranquila, pero no por ello orientada a la reclusión pues terminó sus días en 1796 al otro lado del Atlántico, en lo que por entonces se conocía como Nueva Granada, esto es, la actual Colombia, donde sus saberes fueron requeridos.


Genios de las profundidades


Puede que fuera la querencia por todo lo científico que su padre manifestó a lo largo de toda su vida, o quién sabe si hubo algo más que se desconozca, pero el caso es que tanto Juan José como Fausto, que nació un año más tarde que su hermano, tenían un talento natural para tratar con todo lo que estuviera relacionado con los minerales y la geología en general. Naturalmente, la ciencia geológica tal y como la conocemos hoy día todavía no había nacido como tal, y el estudio de rocas y minerales, así como de los frutos metálicos de la tierra se orientaba, sobre todo, a su vertiente económica, esto es, las minas de metales preciosos, hierro y similares. Era una época fascinante para la ciencia, un tiempo en el que se empezaba a completar, con bastante rapidez, el cuadro de los elementos químicos que, mucho tiempo después, se encargó de ordenar y sistematizar el talento de Mendeleiev a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Juntos, Juan José y Fausto, anunciaron al mundo el descubrimiento de un nuevo elemento, pero ese momento de gloria lo reservo para más adelante, pues merece ser paladeado con tranquilidad.


El texto con el que abro este artículo, correspondiente a un minúsculo fragmento procedente de un extenso escrito a la memoria de Fausto Delhuyar, hace mención de un aspecto célebre del personaje en su tiempo, pero que ha sido desdibujado con el paso del tiempo. Ciertamente, Fausto era feliz entre minas y máquinas pero, además, llegó a ser considerado un administrador excepcional y se cuenta que, en numerosas ocasiones, llegó a poner dineros de su bolsillo para mejorar las condiciones de algunas minas o explorar prometedores filones.


Los hermanos Delhuyar estudiaron juntos, en París, a lo largo de la década de 1770. En la capital francesa, con el fin inicial de estudiar medicina y cirugía para seguir los pasos de su padre, también tomaron contacto con el incipiente mundo de la química, que les atrapó para siempre. Entre 1781 y 1785 enseñó Fausto mineralogía y tecnología de la extracción y procesado de metales en el seminario de Vergara, además de muchas otras materias y, fue allí, en la noble villa guipuzcoana, donde en compañía de su hermano, Juan José, dedicaron mucho tiempo a investigar ciertos minerales en su laboratorio químico, donde trabajaba igualmente el profesor François Chavaneau, que es recordado por haber sido el pionero en la purificación del platino, y por ello es generalmente considerado el descubridor de ese elemento.


Luego llegó la aventura europea, los dos hermanos viajaron por el viejo continente aprendiendo todo lo que les fuera posible sobre tecnología minera y metalurgia, además de química. No hubo ningún gran centro europeo relacionado con la minería que no fuera visitado por los Delhuyar, por lo que no extrañará que el gobierno español confiara en ellos para importantes tareas. ¿Y qué puede haber más importante que el dinero si del Estado se trata? Fausto fue nombrado responsable de las minas de México en 1786, pero antes de cruzar el gran charco, pasa tiempo aprendiendo nuevos métodos para la purificación de la plata y, de paso, se casa con una austriaca. Más de tres décadas después, mirando atrás, poco antes de regresar a España para seguir con sus trabajos mineros después de la independencia mexicana, Fausto podía darse por satisfecho. En esos treinta años largos que pasó en América revolucionó las minas a su cargo, las hizo eficientes, creó un colegio de minería y publicó gran cantidad de estudios originales.


Del mineral a la bombilla


Ha llegado el momento de desvelar lo que Fausto y su hermano descubrieron en el otoño de 1783 en Vergara, donde a lo largo de muchas horas tratando con un curioso mineral, se percataron de que tenían entre manos nada más y nada menos que un elemento químico desconocido hasta entonces. Todos lo hemos tenido cerca, o lo tenemos todavía, pero suele ser ignorado. Las clásicas bombillas de incandescencia, ahora en extinción al dejar paso a modelos más perfeccionados de bajo consumo, han llevado en su interior, diríase que en su propio corazón, filamentos constituidos, precisamente, por el elemento descubierto por los Delhuyar.


En 1779 el químico y mineralogista irlandés Peter Woulfe publicó una hipótesis muy bien fundada, a saber, que el mineral llamado wolframita contenía en su interior un nuevo elemento que era preciso aislar e identificar. La predicción era correcta, como los Delhuyar demostraron, pero había que trabajar mucho para convertir el sueño en realidad. Muchos lo intentaron sin éxito hasta que Juan José y Fausto unieron sus esfuerzos en común para lograr la gesta. Y, así, en el Seminario de Vergara, lo que parecían inocentes muestras de mineral procedentes de Europa, fueron tratadas por medio de una reducción con carbón vegetal para alumbrar el nuevo elemento, el wolframio que, mucho tiempo después sirvió para dar vida a miles de millones de bombillas eléctricas en todo el planeta. El laboratorio del Seminario de Vergara, impulsado y equipado por la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, vio nacer entonces una nueva era, aunque los dos hermanos no supieron nunca que la edad de la luz eléctrica nacía, precisamente, con ellos.


Pudo haberse llamado de alguna forma que recordara a los Delhuyar, pero terminó por ser conocido como wolframio, una palabra que procede del alemán y cuyo origen es dudoso, aunque parece tener relación con cierta superstición minera acerca de espíritus de las profundidades con forma de diabólicos lobos que habitarían en las minas según algunas creencias medievales. Así, la wolframita, espuma de lobo o lupi spuma tal como la llamó Georgius Agricola, el célebre alquimista y mineralogista alemán del siglo XVI, procedería de la forma alemana que expresa esa idea de saliva de lobo diabólico o wolf rahm. Curiosamente, sobre todo en países anglosajones, ha sido conocido el wolframio durante mucho tiempo como tungsteno, vocablo que procede del sueco tung, pesado, y sten, piedra. La palabra fue ideada por el mineralogista sueco Axel Fredrik Cronstedt a mediados del siglo XVIII pero, a pesar de haber sido empleada muy extensamente, la IUPAC, autoridad internacional reconocida para determinar la nomenclatura química, sólo considera que el elemento número 74, descubierto por primera vez por los hermanos Delhuyar, únicamente puede llamarse wolframio.

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09 septiembre, 2010

Almacén 13

Almacén 13: "

En los instantes finales de Indiana Jones, en busca del arca perdida, aparece un lugar que ha sembrado la imaginación de muchos durante años. Allí, en un ignoto almacén de gigantesco tamaño, fue a parar el arca, junto con miles de misteriosas cajas que, a buen seguro, contendrían maravillas similares puestas a buen recaudo. La escena me encanta, cómo no, y parece que gustó igualmente e los guionistas de Almacén 13, pues nadie duda que les ha servido de inspiración. Ahora que estoy viendo el último de los capítulos emitido en Estados Unidos, con la segunda temporada bastante avanzada, creo que ha llegado el momento de redactar esta pequeña nota. Sí, el almacén donde dormitaba el arca era genial, así pues: ¿por qué no explotar la idea? Lo han hecho y, para mi gusto, muy bien. Creo que en España han empezado a emitir la serie a través de Neox, pero no me hagáis mucho caso porque tengo la televisión de adorno y casi no hago caso a lo que emiten. Reconozco que me “tragué” la primera temporada de Almacén 13 prácticamente de golpe, en pocas noches consecutivas, después de descargar todos los episodios.



Al principio no pensé que tuviera mucho interés, a fin de cuentas después del final de la segunda temporada de Fringe y con la espera por ver cómo se completa la primera de Caprica, o cómo salen del lío en Stargate Universe, poco había por ahí que me llamara mi atención en cuanto a series de ficción. Almacén 13 lo hizo porque, ¡narices, el protagonista es el propio almacén! Y así lo venden en la Syfy. Miedo me daba, porque uno está ya un tanto hasta las narices del toque místico-filosófico con gusto a lo Expediente X, que incluso llegó a “contaminar” demasiado Battlestar Galactica, serie que por otra parte es una de las cimas del género. Pero no, Almacén 13 es otra cosa y, precisamente por eso, me encanta. No voy a explicar apenas nada de la trama, no merece la pena, lo mejor es verlo y disfrutarlo, o bien decidir que no es del gusto propio. En mi caso sí lo es porque… ¿acaso habrá que decirlo? Veamos: tenemos a dos agentes del Servicio Secreto que están como verdaderas cabras, son un poco payasos. Luego, un almacén gigantesco lleno de misteriosos objetos y muchos otros que habrá de ir recogiendo la pareja por ahí, peligrosos inventos o reliquias capaces de volverle a uno loco o de hacer que te vuelvas invisible, por ejemplo. Ahí está el encargado del almacén, singular donde los haya, al igual que los misteriosos “regentes” que lo controlan, una hacker que también está como una regadera y algún que otro personajillo más. Y se acabó, se detecta un objeto, se captura y asunto terminado.



¿Y tanto rollo para eso? Pues sí, porque no te venden ninguna idea mesiánica rara, ni hay filosofía por el medio, ni tan siquiera algo medianamente trascendente. Nada de nada, sólo diversión, porque incluso los misteriosos personajes que parecen mover los hilos son más bien de cartón piedra que otra cosa. Lo bueno son los objetos, las bromas, las citas y las referencias. ¡Puro steampunk! ¿Por qué me encanta? Lo repito, porque los guionistas han tomado cientos de iconos y personajes de la cultura del siglo XX, sobre todo, y los han introducido en su juego. El almacén fue creado por Edison, Tesla y Escher, los protagonistas emplean comunicadores ideados por Philo Farnsworth, también aparece mencionado H. G. Wells de forma muy especial. Todos ellos visitantes asiduos de TecOb y… ¡bingo! He ahí la gracia de la serie. Es como si hubieran tomado toda la tecnomitología steampunk-geek y, tras pasarla por una batidora, hubieran creado una gamberrada singular. No es más que eso, y por ello es sublime. Por otra parte he de avisar que no considero que pueda encuadrarse dentro del género de ciencia ficción, más bien habrá que emparentarlo con la fantasía porque, si bien tenemos artilugios de todo tipo, no se explica, ni de lejos, cómo se generan los extraños efectos que causan los objetos, no hay ninguna teoría detrás, ¡ni falta que hace! Para no alargar más el rollo: atraerá a quien guste de lo steampunk, el cacharreo y la tecnología añeja con muchos toques de cachondeo y, cómo no, para quienes gusten de buscar referencias historico-geeks cada dos por tres entre los fotogramas. (Ejemplo: ¡hasta se pasa por el almacén Douglas Fargo, de Eureka! Las cosas quedan en casa de SyFy, cómo no. ¿Para cuándo alguna referencia cruzada con la genial Torchwood?). ;-)

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23 julio, 2010

XF-84H, el último guerrero a hélice

XF-84H, el último guerrero a hélice: "

Ciertamente, después de que se concibiera este extraño aparato, se han construido diversos modelos de aviones militares dotados de hélices o turbohélices, pero no cabe duda de que el Republic XF-84H puso punto final a toda una época en la que la hélice fue la reina de los cielos en guerra. Lo atractivo de este avión se encuentra en su propio diseño, que llevaba al límite lo que una hélice podía ofrecer en un avión de combate. Híbrido singular, unía lo mejor de la tradición clásica de la aviación con el novísimo, por entonces, mundo de los jets.


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De este avión sólo se construyeron dos aparatos, aunque realmente fue uno el que voló en corta fase de pruebas. Hoy únicamente se conserva uno de ellos, en el Museo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de Wright-Patterson. Entre las peculiaridades de este avión, se encuentra una consideración teórica pues, como siempre voló en fase de pruebas y no pasó de ahí, se desconoce si hubiera podido lograr alcanzar todo su potencial porque, al menos sobre el papel, se trató del avión de hélice más rápido jamás construido, capaz de alcanzar Mach 0,9. El XF-84H voló por primera vez el 22 de julio de 1955. Era un aparato extraño, a medio camino de dos mundos sin pertenercer realmente a ninguno de ellos. Puede adivinarse en su fuselaje la presencia de la célula sobre la que fue construido, propia de un reactor F-84F. Fue construido por Republic Aviation como posible candidato a poblar portaaviones, siendo un caza capaz de despegar de las pistas de esas gigantescas naves marinas sin necesidad de catapulta. La idea no llegó a ninguna parte, y no es para menos. El motor a reacción que movía la hélice era tan potente que, por mucho que los ingenieros lo intentaron, pilotar este monstruo se convertía en tarea imposible. Cuentan las crónicas de los ensayos que uno de los pilotos de prueba, después de un primer y único vuelo, se negó a volver a ponerse a los mandos de aquella cosa. ¿Alguien tuvo las narices de sentarse en cabina y volarlo? Sí, el piloto de pruebas Hank Baird llevó a cabo los demás vuelos, hasta la docena, pero ninguno fue tranquilo y todos terminaron en aterrizajes problemáticos. No extrañará, por tanto, que este avión se quedara en simple pesadilla para ingenieros y nada más.



Ahora bien, una máquina tan excepcional, aunque fuera una locura, debía tener algo para destacar por encima del resto. Además de ser considerado como el avión de hélice más veloz, aunque de forma teórica como he comentado, es igualmente reconocido como el más ruidoso, puede que de ahí le venga su nombre de guerra: Thunderscreech. Cuentan los testigos que, al poner en marcha la turbina, el ruido era insoportable, todo un infierno. A cuarenta kilómetros de distancia podía distinguirse su tremebundo rumor y, para colmo, quienes se hallaban cerca sentían todo tipo de mareos y náuseas causadas por las vibraciones. La razón se hallaba en la hélice pues, sumado al estruendo del reactor, los extremos de las palas de la hélice rompían la barrera del sonido, creando una cadena de estallidos sónicos difíciles de soportar, capaces de romper ventanas a kilómetros de distancia.

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