29 octubre, 2010

50 soluciones a la paradoja de Fermi (8ª solución): Dios existe

50 soluciones a la paradoja de Fermi (8ª solución): Dios existe: "Algunos autores han sugerido que SETI
(el proyecto de búsqueda de inteligencia extraterrestre) y sus científicos se hallan involucrados en una búsqueda que en poco se diferencia de la puramente teológica, ya que si las CETs son probablemente mucho más avanzadas que nosotros, vemos a los alienígenas como seres omniscientes y omnipotentes, como dioses, en consonancia con la tercera ley de Clarke, que afirma que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia). Otros autores, en cambio, piensan todo lo contrario, y así afirman que sabemos lo suficiente para no ver a los extraterrestres como dioses o magos. Incluso se ha argumentado que Dios, el creador del universo, de nuestro universo, existe. Y aún más, ya que como Dios está en todas partes, nuestra búsqueda de inteligencias extraterrestres quedaría plenamente satisfecha si encontrásemos a Dios.
Existe una especulación en el mundo de la física teórica que podría, en caso de que fuese confirmada, demostrar la existencia de muchos otros universos que probablemente conducirían al desarrollo de CETs; es más, quizá una de esas CETs hubiese creado nuestro propio universo. En este sentido, serían Dios. La teoría o modelo físico capaz de responder la pregunta sería 'una teoría de todo' (theory of everything), la tan tenazmente perseguida durante tantos años por el mismísimo Albert Einstein sin resultados, un modelo que unificaría todas las fuerzas conocidas de la naturaleza: gravitatoria, nuclear fuerte, nuclear débil y electromagnética.
La mejor candidata hasta el momento para conformar esta teoría de todo es la conocida como teoría M. Aunque no está totalmente desarrollada, ni mucho menos (algunas de sus herramientas matemáticas aún están por inventar), parece que la teoría M es la gran esperanza de muchos investigadores para dar respuesta a las grandes preguntas sobre el universo. Existen, sin embargo, indicaciones de que la teoría tendrá una serie de parámetros (como, por ejemplo, las masas de las partículas fundamentales y las intensidades relativas de las fuerzas fundamentales) cuyos valores deben ser introducidos 'a mano'. Las ecuaciones de la teoría final podrían afirmar, por ejemplo, que las masas de los electrones o el valor de la constante cosmológica no son nulas pero, en cambio, no explicar sus valores exactos, por qué éstos son no son más grandes o más pequeños. Cuando un modelo físico fracasa en esto, en explicar por qué los parámetros fundamentales presentan los valores que observamos, lo que tenemos en realidad es una teoría que describe una multitud de posibles universos: un multiverso. Cada uno de estos universos presenta distintos valores de los parámetros fundamentales.

La vida requiere química, la química necesita estrellas, las estrellas necesitan galaxias y todas ellas requieren que los anteriores parámetros presenten valores comprendidos en un determinado rango. Si la interacción nuclear fuerte fuese más pequeña de la que conocemos, no existirían núcleos atómicos estables; si la constante cosmológica fuese diferente, el universo sería muy distinto del que conocemos.
Lee Smolin ha estimado que la probabilidad de que eligiendo un conjunto de parámetros fundamentales al azar nos saliese un universo capaz de albergar vida es de 1 entre 10229 (la de acertar 6 resultados en la Lotería Primitiva es de 1 entre casi 14 millones). Así, una primera aproximación para explicar los valores de los parámetros del modelo es que éstos han sido producto del azar.
Una segunda aproximación consiste en invocar el denominado 'principio antrópico'. Quizá fue Dios quien ajustó los parámetros a unos valores adecuados para el desarrollo de la vida. O quizá existen muchos universos y en cada uno de ellos se da un conjunto de valores diferentes de los parámetros e incluso de las leyes de la física. Nosotros vivimos, sencillamente, en uno que permite nuestra existencia.
La tercera aproximación, debida a Smolin, consiste en aplicar las ideas darwinistas a la cosmología. Quizá las ecuaciones no puedan explicar los ajustes tan finos de algunas constantes fundamentales, pero los procesos evolutivos puede que sí. Smolin sugiere que los parámetros, las constantes del mundo físico (puede que hasta las mismas leyes físicas) han evolucionado hasta alcanzar su actual forma a través de un proceso similar a la mutación y a la selección natural. El punto de partida de Smolin es que la formación de un agujero negro en un universo da lugar al nacimiento de otro universo diferente y en expansión. Los parámetros fundamentales del universo bebé son ligeramente distintos de los del universo papá. Así, nuestro universo se generó a partir de la formación de un agujero negro en universo padre con unas constantes físicas similares a las del nuestro. Un universo con parámetros que permitan la formación de agujeros negros tiene prole, descendencia que, a su vez, produce otros agujeros negros. En cambio, un universo con un conjunto de parámetros que no permitan la creación de agujeros negros no producirá descendencia. De esta manera, los universos más probables serán aquellos en los que se formen más agujeros negros.

Ahora bien, según lo que sabemos sobre evolución estelar, la forma más eficiente de producir agujeros negros consiste en hacer colapsar estrellas masivas. Es, pues, esperable que la evolución cósmica haya dado lugar a una preponderancia de universos en los que abunden las estrellas. Y un universo con parámetros físicos que dan lugar a estrellas es un universo que, inevitablemente, posee núcleos pesados, química y escalas de tiempo suficientemente largas como para que emerjan fenómenos o estructuras complejos, como la vida. El ajuste fino de las constantes favorece la producción de agujeros negros más que la producción de vida.
Todo lo anterior, evidentemente, es pura especulación. No hay forma actualmente de saber si un agujero negro es capaz de dar a luz a un universo en expansión. Asimismo, surgen infinidad de cuestiones que tampoco sabemos responder: ¿un agujero negro alumbra siempre un universo? ¿qué sucede cuando se funden dos o más agujeros negros? ¿juegan algún papel la masa, la carga del agujero negro?
Aunque preguntas como las precedentes no tengan respuesta hasta que dispongamos de una teoría cuántica de la gravedad y la idea de Smolin aglutine ideas científicas como la evolución, la relatividad y la mecánica cuántica, la verdad es que permite una predicción específica con la que se puede someter a prueba la teoría. Esta predicción es que, como vivimos en un universo que crea muchos agujeros negros y podemos suponer que los parámetros fundamentales están próximos a los valores óptimos para la formación de agujeros negros, un cambio en cualquiera de ellos conduciría a un universo con menos agujeros negros. Modificar todos los parámetros del modelo simultáneamente y predecir lo que ocurriría aún no sabemos hacerlo.

Por su parte, Edward Harrison aún va más que Smolin y se plantea lo siguiente: ¿y si fuésemos capaces de hacer nosotros mismo agujeros negros? Si la teoría de Smolin fuese correcta, estaríamos incrementando la probabilidad de que otros universos albergasen vida inteligente. En un futuro lejano podríamos crear universos bebés y quizá nuestro propio universo fuese creado por una civilización inteligente suficientemente avanzada. Puede que nosotros nos pudiésemos convertir en dioses, en creadores de universos.
¿Cómo saber si somos la creación de una CET? ¿Han podido estas CETs enviar, de alguna forma, un mensaje que nos haga entender lo que han llevado a cabo?
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50 soluciones a la paradoja de Fermi (7ª solución): El planetario

50 soluciones a la paradoja de Fermi (7ª solución): El planetario: "
El autor de ciencia ficción 'hard', Stephen Baxter, publicó en el año 2000 su solución personal a la paradoja de Fermi que hoy conocemos como la hipótesis del planetario (es una hipótesis propiamente dicha y no un escenario porque permite su comprobación y es falsable, a diferencia de los escenarios del zoológico y de la interdicción). La pregunta planteada por Baxter es ésta: ¿es posible que el mundo en que vivimos no sea más que una simulación, una especie de planetario sofisticado de realidad virtual, diseñado para presentarnos la ilusión de que el universo carece de vida inteligente?
La hipótesis del planetario parece tener bastante sentido y ser razonable, especialmente cuando en los últimos años hemos asistido a un crecimiento espectacular en el desarrollo de los ordenadores. La trilogía Matrix de los hermanos Larry y Andy Wachowski es una buena muestra de ello en el cine de ciencia ficción. Varios episodios de la serie Star Trek: la Nueva Generación nos muestran el 'holodeck', una tecnología que emula objetos materiales con los que el usuario puede interactuar. El protagonista de la película The Truman Show es una estrella de la televisión que vive, sin saberlo, en una realidad completamente simulada y creada por los productores del programa televisivo. Los escritores de ciencia ficción también han dejado un abundante legado de novelas y cuentos sobre el mismo tema.
Muchas de estas historias y películas presentan una cualidad aterradora, inquietante, quizás porque tocan materias de profundo significado filosófico. La hipótesis del planetario sugiere que nuestro entendimiento aceptado acerca del universo ahí afuera puede estar equivocado. Exactamente cómo de equivocado depende de la sofisticación de la simulación que haya podido crear por la CET responsable y también de su propósito particular, la línea que separa la conciencia humana de la 'realidad' externa.
La hipótesis del planetario, llevada al extremo, no se diferencia gran cosa del solipsismo (forma radical de subjetivismo según la cual sólo existe o sólo puede ser conocido el propio yo). El auténtico solipsista cree que todo lo que experimenta (gente, sucesos, objetos) forma parte de su propia conciencia, en lugar de proceder de una realidad externa a sí mismo y que todos los demás compartimos. Es una evidente concepción egocéntrica del universo. Por su parte, el planetario más extremo, más radical, tendría entonces que incluir una CET capaz de generar un universo artificial en mi conciencia. El universo aparece ante mí como si estuviera vacío debido a que una CET, por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, pretende engañarme.
El inconveniente del solipsismo es que no parece conducir a ningún lado. El verdadero solipsista, cuando defiende su filosofía, presumiblemente, debe informar a sus oponentes de que no existen, lo cual parece bastante absurdo. Otras variantes de planetarios extremos aún mantienen un cierto tufillo a solipsismo pero resultan ligeramente menos escandalosas. Por ejemplo, quizá los humanos seamos reales y, por contra, algunos o todos los objetos que nos rodean sean simulaciones. O quizá la realidad consista en todo lo que hay sobre la Tierra más todos aquellos lugares del Sistema Solar que hemos logrado visitar, pero las estrellas y las galaxias sean simuladas. En cualquier caso, la navaja de Occam nos proporciona razones para eliminar estos escenarios sin más que considerar nuestras propias observaciones del universo.
A pesar de todo, ¿y si dejásemos, por un momento, a un lado la navaja de Occam? Baxter señala que un requisito fundamental de todo planetario es que los experimentos científicos deben siempre conducir a resultados consistentes. Si un experimento muestra inconsistencias en la fábrica de la realidad, entonces debemos postular la existencia de un 'afuera' real.
Los físicos pueden calcular la cantidad de información y de energía requeridas para crear una simulación perfecta de un tamaño dado. Podemos, así, cuestionar si una CET tiene la capacidad para satisfacer la demanda de energía en la construcción de un planetario particular (en este punto, hemos de asumir que los alienígenas están sujetos a las mismas leyes físicas que nosotros. Si no es así, no podemos continuar con el argumento).
Se deduce que una civilización de tipo I (según la clasificación de Kardashev) podría generar una simulación perfecta de una extensión no superior a 10.000 km2 y 1 km de altura sobre la superficie terrestre. Por tanto, no nos sirve para el mundo en que vivimos y conocemos.
Una civilización de tipo II podría haber generado una simulación capaz de engañar a Cristóbal Colón. Pero los viajes del capitán James Cook, por ejemplo, hubieran podido descubrir inconsistencias en el diseño del planetario.
Finalmente, una civilización de tipo III conseguiría simular perfectamente una región del espacio inmersa en un volumen con un radio de unas 100 UA (la UA es la distancia media entre la Tierra y el Sol y equivale a unos 150 millones de kilómetros. Plutón se encuentra a algo menos de 40 UA del Sol). En este sentido, la sonda espacial Voyager 1 está actualmente tan sólo algo más lejos de nosotros que Plutón.
Jacob Bekenstein, basándose en la termodinámica de los agujeros negros, mostró cómo la mecánica cuántica impone un límite a la cantidad de información que puede codificar un sistema físico. Esta cantidad de información contenida en una masa M y un radio R nunca puede ser mayor que 2,5 1043 MR (en bits de información). Resulta complicado alcanzar este límite. Así, por ejemplo, un átomo de hidrógeno puede almacenar hasta 1 Mb; un humano cerca de 1039 Mb.
Aunque la Naturaleza no parece aprovechar al máximo este límite, quizá la hipotética CET diseñadora sí lo haya logrado. Sea como fuere, con nuestro actual nivel de desarrollo tecnológico, somos incapaces de probar si nuestro universo es real o solamente el resultado de una simulación diseñada por una civilización de tipo III. Pero lo que sí es seguro es que a medida que indaguemos más y más lejos, tanto mayor será la probabilidad de toparnos con alguna imperfección en el diseño del planetario. Dentro de algunos años, la sonda Voyager 1 se habrá alejado de nosotros más de 100 UA y si colisiona contra un muro pintado de negro, el juego habrá terminado para los diseñadores del planetario.
La hipótesis de Baxter desafía la navaja de Occam y nuestra intuición sobre cómo funciona el universo. Roza la paranoia creer que una civilización de tipo III podría acometer el esfuerzo simplemente para convencernos de que el universo está vacío. A medida que exploremos más y más el Cosmos, a buen seguro que hallaremos una inconsistencia en la simulación y entonces tendremos que mirar hacia otra parte y seguir buscando una solución a la paradoja de Fermi.
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Historia del dolor

Historia del dolor: "
Desde aquel bíblico “Parirás con dolor” con el que Dios maldijo a Eva al expulsarla del paraíso, el dolor ha acompañado al hombre sin distinguir razas, clases sociales ni religión. Ya lo dijo Séneca: “el dolor está extendido en la Tierra en proporción infinitamente más vasta que la alegría. Quien crea que no ha sufrido, solamente tiene que tener un poco de paciencia”. La historia del tratamiento del dolor es una combinación de factores culturales y sociales fascinante.

En el Neolítico, hace más de 9000 años, el dolor se creía causado por los demonios o malos espíritus y se combatía, desde el punto de vista físico, con frío y calor, sangre de animales y plantas y, desde el punto de vista psíquico, con ritos mágicos para expulsar al espíritu malhechor.

Los sumerios, en el año 400 a.C., empleaban como tratamiento del dolor el hulgil o planta de la alegría. Es la primera vez en la historia en que tenemos referencia del uso del opio para aliviar el dolor.

Los mesopotámicos y, posteriormente, los antiguos egipcios, creían que el dolor era un castigo de los dioses. Para erradicarlo, además de hacer una ofrenda en el templo, empezaron a usar vegetales con propiedades narcóticas y analgésicas. Por ejemplo, en la Antigua Mesopotamia se usaban hojas de mirto, una planta que tiene en sus hojas precursores del ácido acetilsalicílico (el componente mayoritario de la conocidísima AspirinaR). Los egipcios antiguos iban por la vía dura, usando adormidera, mandrágora y hachís, no sólo para el tratamiento del dolor, sino para que los niños durmieran por la noche (¡Estos sí que sabían!).

La cocaína fue introducida en el mercado europeo desde Sudamérica (cosa que sigue pasando en nuestros días): los incas peruanos pensaban que la coca era un regalo del hijo del dios sol para compensar el sufrimiento humano. Bernabé Cobo, un cronista español de la época, recoge este hecho y los efectos anestésicos locales de la cocaína en su libro “Historia del Nuevo Mundo”.

Los chinos creían equilibrar el ying y el yang a base de acupuntura y hachís.

En el año 450 a.C. , Hipócrates instauraba la primera anestesia inhalatoria. Lo hacía con una esponja de mar empapada en opio y mandrágora que daba a oler a sus pacientes antes de la cirugía. Esta técnica, junto con el uso de la cocaína y el hachís o el más rudimentario de emborrachar a conciencia al paciente, fueron los medios existentes para tratar el dolor hasta el siglo XIV.

Theophrastus Phillipus Aureolus Bombastus von Hohenheim, más conocido (lógico, con este nombrecito de marras) como Paracelso, fue un genio suizo que mezcló ácido sulfúrico con alcohol caliente obteniendo un compuesto que llamo “vitriolo” (y que hoy llamamos éter). Lo dio a beber a sus gallinas, observando como caían en un profundo sueño. Desgraciadamente, sus conclusiones fueron olvidadas en los archivos de Nüremberg, retrasando la aparición de la anestesia 300 años.

También en el Renacimiento, Leonardo da Vinci hace una descripción de la anatomía de los nervios del cuerpo, relacionando los puntos dolorosos con lesiones de nervios.

A pesar de que van a pasar 400 años hasta que a alguien se le ocurra usar el éter para algo más que para dormir pollos, y casi 500 años hasta que la morfina y la aspirina hagan su sonora aparición, las bases del dolor ya están sentadas. Y los cimientos de la Anestesiología también.
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El espectáculo natural de las luciérnagas sincronizadas

El espectáculo natural de las luciérnagas sincronizadas: "Ver las luciérnagas brillantes en las calurosas noches de verano es un fenómeno natural que aquel que ha vivido no olvida nunca.

Una luz por lo general intermitente, y que brilla de manera distinta en cada especie. Una señal óptica producto de unas reacciones químicas en la que una molécula, la luciferina, reacciona con el oxígeno en un proceso extraordinariamente eficiente, donde menos del 2% de la energía se convierte en calor (lo que contrasta, por ejemplo, con el 95% de pérdida de una bombilla normal).

Pero existe una demostración de esta maravilla aún mas impresionante. Al atardecer en ríos del Sudeste Asiático (Tailandia, Malasia o Borneo), miles de luciérnagas macho se reúnen y cuando el sol se oculta comienzan a emitir luz, al principio de manera desordenada. Después de una hora -no es instantáneo- esa forma aleatoria se convierte en coordinada. Es entonces cuando pequeños grupos emitiendo luz a la vez, cubren los árboles de la orilla del río a lo largo de todo un kilómetro y medio .


Un hermoso comportamiento cooperativo de miles de individuos comunicándose, en perfecta sincronía para enviar un mensaje a las hembras. La luz combinada de estos insectos de la familia de los coleópteros, es tan brillante que los pescadores en alta mar la usan como faro, para encontrar el camino a sus ríos de origen.



Una escena impresionante que vieron los primeros viajeros occidentales, como el pirata inglés Sir Francis Drake que en una de sus expediciones a Tailandia lo pudo observar. A su regreso relataban este increíble espectáculo, pero nadie les creía. Nada parecido existe en Europa, y durante mucho tiempo, aún cuando estaba muy bien documentado se creía, que era un especie de ilusión óptica.



Revistas científicas decían que era un parpadeo involuntario lo que lo explicaba. Lo que realmente sucede es que las luciérnagas mientras emiten luz observan a sus compañeros. Su sistema nervioso se ajusta de manera inconsciente; de forma que cuando reciben un destello pueden incrementar o retrasar su controlador interno que regula los destellos, de manera que comienzan a hacerlo en armonía.

+Info: Steven Strogatz sobre sincronización(Charla TED)

Vía: 1, 2, 3, 4 y 5.

Otros 'espectáculos' de luz en Meridianos:
El mar en llamas, el Mar de ardora
El mayor espectáculo estelar de la civilización moderna
Luz para el año nuevo
La sencilla belleza de los rayos crepusculares
El rayo verde
Luz Zodiacal
Los niños verdes de Stávropol
Un cometa entre fuegos artificiales y relámpagos
La cueva azul
Luces de diciembre
Solsticio de verano en Zugarramurdi, La Catedral del Diablo
'La Espada y la Rosa', el lugar donde nacen las estrellas
Las Luminarias de San Bartolomé
Cuando la lava volcánica llama a la puerta de tu casa
Estrellas ocultas en un un cuadro de van Gogh
Galaxias en una copa de vino
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28 octubre, 2010

¿Podríamos reutilizar los transbordadores fuera de servicio como estaciones espaciales?

¿Podríamos reutilizar los transbordadores fuera de servicio como estaciones espaciales?: "
La pregunta aparece hoy en Popular Science y plantea una duda que seguramente se os habrá ocurrido: ¿Por qué no reciclar los transbordadores para utilizarlos nuevamente en el espacio?.

Normalmente el destino final de las naves fuera de servicio son los museos (que no es un mal uso) pero tal y como están últimamente los presupuestos destinados a la carrera espacial, quizá no sería mala idea reutilizar transbordadores acoplándolos a la Estación Espacial Internacional.


Atlantis en su última misión | Imagen NASA

Se me ocurre como ejemplo perfecto el caso del recién jubilado transbordador Atlantis.

Tras 25 años de servicio y 31 misiones, el Atlantis realizó su última misión en mayo de este año (STS-132) y, aunque tiene planeada una posible misión para 2011 (STS-135) parece que todo apunta a que su destino final será ser utilizado como suministro de piezas para el Discovery y el Endeavour, mientras que su fuselaje terminará posiblemente en algún museo como reliquia expuesta al público.

Sin embargo si lo pensamos bien parece que, a priori, sería más constructivo reutilizarlo en el espacio. No es fácil construir habitáculos que soporten la vida en el espacio y ya que tenemos uno… ¿por qué desperdiciarlo?.

Además, tampoco parece mala idea tener un transbordador espacial acoplado permanentemente a la ISS para casos de extrema urgencia.


ISS - Atlantis | Imagen NASA

Comienzo a imaginar algunas utilidades más, hasta que Bjorn Carey me las quita de la cabeza afirmando que, en realidad, ni sería tan buena idea, ni sería tan económico y finalmente, tampoco sería factible.

El principal problema es el de la energía. Cada transbordador tiene tres células de combustible (hidrógeno líquido y oxígeno líquido) responsables de generar toda la electricidad de la nave, así como el agua potable. Sin embargo, el transbordador tan sólo puede mantener estás células de combustible durante un periodo aproximado de 14 días. A partir de entonces, llega el apagón y, no sería capaz de maniobrar, enviar transmisiones de radio, no funcionarían los sistemas que mantienen con vida a los astronautas y por supuesto tampoco podría regresar a la Tierra.

En palabras de Michael Curie, portavoz para operaciones especiales de la NASA:



Ni siquiera se podría cocinar el desayuno. Básicamente, el transbordador sería basura espacial.



¿Se podrían cambiar esas células de combustible por paneles solares?

La ingeniería que sería necesaria hace que el coste sea demasiado elevado y aunque se hiciera, tampoco esta solución parece que sirva de mucho, puesto que los transbordadores no están preparados para la vida en el espacio.

Por citar sólamente algunas incompatibilidades: su limitado espacio no ofrece capacidad para albergar el equipo de ejercicio que los astronautas necesitan para evitar la pérdida de músculos, no poseen compartimentos dormitorio, ni siquiera tienen un conducto de basura (los astronautas tendrían que buscarse la vida y lanzar los deshechos, incluídos los del cuerpo humano, por alguna escotilla… y tampoco sería muy aconsejable, porque al no tener incinerador esos restos quedarían flotando en el espacio).

En fin, llegados a este punto, parece que sería mejor comenzar desde cero y dejar los transbordadores jubilados expuestos en un museo.
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El Galeón Mecánico

El Galeón Mecánico: "

Quien esté pensando que ese barco pirata de Playmobil tuneao es el regalo perfecto para su sobrino, que se vaya olvidando. Primero, porque se construyó hace 500 años y es único en el mundo y segundo, porque no bastaría con ser asquerosamente rico para adquirirlo, también habría que pertenecer a la más alta nobleza del Sacro Imperio Romano Germánico para poder siquiera contemplarlo.



El barco en cuestión es un pequeño ingenio mecánico mandado construir al orfebre Hans Schlottheim en 1585 y financiado por Augusto de Sajonia y Rodolfo II emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, entre otros. Por eso decía que (supongo) queda fuera del alcance de mis lectores. :-P .

La nave está realizada en latón dorado y su uso principal era como reloj aunque eso era lo de menos, lo importante era toda la parafernalia que se desplegaba a su alrededor cuando marcaba las horas.






Eso redondo en el centro es el reloj.


Empezaba con unos marineros en el carajo (con perdón, pero se llama así ;-) ) que golpeaban con sus martillos unas campanas.



Detalle del marinero en el carajo.

Nota: Ya saben ustedes, cuando les mandan al carajo, los están mandando a esa cesta del palo mayor.


A continuación sonaba música de un pequeño órgano, trompetas y también el repicar de un tambor. Todo esto a la vez que unos personajes paseaban delante de la figura del emperador Rodolfo II, los caballeros de las bordas se movían y los cañones simulaban que disparaban echando humo por sus bocas.








Pero aquí no se quedaba la cosa. Lo mejor de todo era que el barco tenía ruedas que le permitían recorrer las largas mesas de los banquetes.

¿Se imaginan ustedes qué cuadro? El barco, con su fanfarria sonando y dando cañonazos, avanza a todo trapo por la mesa esquivando comida y vajilla mientras los entusiasmados invitados, todos de alta cuna y rancio abolengo, lo aplauden y vitorean…

¡Qué cruz de críos! Pensarían los sirvientes. :-D







Vista de su mecanismo. Las ruedas se perdieron y se sustituyeron por esas bolas.

La complejidad del mecanismo residía en que eran tres motores de cuerda diferentes.



Uno que movía los mecanismos del reloj propiamente dicho y las figuras. Otro motor que generaba aire para la música gracias a un fuelle. Y un tercer motor que aprovechaba la fuerza de una piel tensada para mover las ruedas y provocar el sonido del tambor. Realmente muy ingenioso.









Más en:


Mechanical Galleon (Wiki inglés)


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Google, you can drive my car

Google, you can drive my car: "
Conducción autónoma Google
¿Por qué demonios se mete Google en un proyecto de conducción autónoma? Es lo que han anunciado, un proyecto de tecnología para que los coches se conduzcan sólos y con la que ya han tenido varias experiencias 'piloto' en las que se han recorrido más de 140000 millas con intervenciones humanas puntuales. Aquí hay dos debates, sobre un futuro de coches conducidos por máquinas (algo que servidor agredecería sobremanera cada vez que hace un viaje de Málaga a Madrid, pero para lo que tendría ciertas reservas si no tengo el control total) y otro de cómo Google, cotizando en bolsa, gasta dinero y recursos en proyectos de este tipo, tan alejados de su negocio.
En todo caso, creo que en los próximos años parte de lo más interesante en el mundo de la tecnología va a tener que ver con ordenadores, internet y el coche. Respecto a que sea Google quien empuje un proyecto de estas características, Milleiro apuntaba en un tuit la lejanía del mismo respecto al 'core business' de Google. El proyecto en sí me parece fantástico (por cierto, han usado el coche más 'techie', Toyota Prius, que es el que conduce un servidor), pero como no piensen que con el coche conduciéndose de forma autónoma, la gente pasará el tiempo conectada a la internet y eso les beneficia, no veo encaje razonable con su negocio siquiera a medio plazo. Y estos temas son los que suelen subrayar los accionistas cuando los números no les satisfacen.

PD: ya que utilizo la canción para el título del artículo, os dejo con un vídeo de la misma. Beatles, 'Drive my car':

Más información en New York Times y Motorpasión





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27 octubre, 2010

El curioso procedimiento formulario romano.

El curioso procedimiento formulario romano.: "
Hoy en día estamos tan acostumbrados a nuestro modelo de juicios, que cuesta pensar en otros sistemas que no sean el clásico anglosajón a lo Perry Mason, o quizás en ese siniestro proceso inquisitorial de tan honda raigambre hispanoamericana. Pero los romanos, padres fundadores de nuestro sistema jurídico gracias a su Derecho Romano, inventaron su sistema propio, que se llama el procedimiento formulario ('per formulas', en Latín). Irónicamente, nació como un procedimiento 'de segunda clase', y poco a poco se fue instaurando como el procedimiento civil por excelencia.

El Derecho Romano arcaico (quiritario) se caracterizaba por un enorme ritualismo, ya que era literalmente sagrado (no se distinguía conceptualmente entre la ley de los hombres y las leyes divinas). Pero cuando el Imperio Romano empezó a crecer, hubo dos problemas. En primer lugar, tanto ritualismo sacramental más o menos inteligible para los romanos, lo hacía muy poco apropiado para culturas y pueblos extraños ahora sometidos a la férula romana. En segundo lugar, los que no eran ciudadanos romanos no podían acogerse a la justicia romana. Pero los romanos eran muy creativos, y los pretores (los magistrados encargados de las labores judiciales) se inventaron sobre la marcha un procedimiento nuevo, que en puridad no violaba el principio de que un magistrado romano sólo podía hacer justicia sobre leyes romanas y a los ciudadanos romanos, y que a la vez más sencillo para los litigantes no romanos. Se lo llamó 'procedimiento formulario' porque las antiguas invocaciones rituales que debían hacerse de viva voz y en forma literal, fueron reemplazadas por 'fórmulas', que no eran otra cosa sino documentos escritos por parte del pretor.

El procedimiento se dividía en dos fases, llamadas 'in iure' ('en derecho') e 'in iudicium' ('en justicia'). La cosa era así. Si había un pleito, las partes debían acudir ante el pretor. Este trataba de dilucidar cuál era el punto en que las partes estaban en desacuerdo, y en base a eso escribía la famosa fórmula. Y como su nombre lo dicen, estas fórmulas eran literalmente de fórmulas, un poco a la manera de los documentos actuales con formato previo en que se rellenan los espacios en blanco. He aquí un ejemplo de fórmula, más concretamente una 'intentio in rem' (es decir, que el demandante tiene la intención de litigar para recuperar una cosa suya): 'si paret hominem Sthicum ex iure Quiritium Auli Ageri esse' (es decir, 'si resulta que el esclavo Stico es de propiedad civil de Aulio Agerio', recuérdese que los esclavos no eran personas sino cosas susceptibles de propiedad en el Derecho Romano).

Luego, se nombraba un 'iudex' (un 'juez'). He aquí el elemento interesante. El iudex no era un funcionario público, como nuestros actuales jueces, sino un ciudadano particular a quien la ley reconocía calidad moral suficiente para decidir asuntos judiciales ajenos (un poco como los actuales árbitros). El nombre de los ciudadanos idóneos estaba contenido en un texto llamado 'album iudiciorum'. Las partes podían ponerse de acuerdo sobre el iudex, y si no, se leían los nombres del album iudiciorum a viva voz, pudiendo rechazar los nombres que no les parecían aceptables (con algunas reglas adicionales para evitar trampas, claro). La fórmula aquí era escueta en grado sumo, muy romana en esto. Por ejemplo: 'Marco iudex esto' ('sea juez Marco'). Decidida la cuestión y el juez, el asunto abandonaba las manos del pretor, y el iudex pasaba a hacerse cargo del problema, y resolverlo. Esto era la fase 'in iudicium'. De esta manera, el pretor en realidad no administraba justicia, sino que se limitaba a encauzarla hacia una solución haciendo uso de lo que podríamos llamar su 'autoridad policial', y con esto evitaba violar el principio según el cual la ley romana sólo se le aplicaba a los ciudadanos romanos.

Irónicamente, este procedimiento bastante mecánico y expedito, como resultó mucho más flexible y práctico que los rígidos procedimientos antiguos, hizo caer en progresivo desuso al vetusto procedimiento quiritario. En el Imperio Romano se consideraba la ciudadanía romana como un privilegio, pero los ciudadanos romanos estaban felices de poder sustraerse al engorroso procedimiento propiamente romano, y resolver sus asuntos de la manera más sencilla que era el procedimiento formulario inventado para los 'ciudadanos de segunda clase' que eran los no ciudadanos.
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Doce fotografías en blanco y negro que no terminan de contar su historia.

Doce fotografías en blanco y negro que no terminan de contar su historia.: "

Hay fotos que se explican solas y otras que necesitan un pequeño empujón. Instantáneas que se dejan fuera de encuadre retales de la historia que quieren contar. Son grandes trabajos del fotoperiodismo olvidado, testimonios gráficos de hechos insólitos pero que suplican una pequeña aclaración. A continuación un paseo anacrónico por una pequeña colección de ellas, en blanco y negro. Recomiendo imaginar, antes de leer, el contexto de cada una de las sugerentes o impactantes imágenes.

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El ladrón de caridad.




1998. Sudán. Campamento de refugiados de Ajiep. Más de 100 personas mueren al día esperando una ración de arroz que llevarse a la boca. La peor y más ignorada crisis de hambre de la historia del país africano está en su punto álgido. La comunidad internacional, después de meses de desidia, consigue introducir ayuda en el país. El fotógrafo británico Tom Stoddart acompaña a una unidad de Médicos sin Fronteras hasta el campamento. Allí, en una de las interminables colas para recibir la caridad, capta la imagen de un niño lisiado mirando desconsoladamente a un adulto con una bolsa de cereales. La fotografía no cuenta que, cinco segundos antes, ese adulto había arrancado la bolsa de las manos del pequeño. El fotógrafo fue acusado de pasividad, recordando tristemente la historia de otra trágica fotografía. Fuente, 2.

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Un toro en la Gran Vía.




1928. Las ovejas y vacas de muchos ganaderos madrileños pastan cotidianamente por la ribera del Manzanares, el río que serpentea al sur de la capital. Uno de los astados se escapa y decide adentrarse por el Puente de Segovia hacia el centro de la ciudad. Sembrando de heces y pánico los adoquinados más ilustres del reino. En Madrid, capital del mestizaje más castizo, no escaseaba por entonces la afición y, sin arte de magia, un torero podía aparecer de cualquier esquina y así fue. Diego Mazquiarán o el “Fortuna”, será recordado como el único torero que ha matado a ‘abrigo’ y espada un morlaco en plena Gran Vía. Fuente.

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Chabolas en el paraíso.




1930. Estados Unidos apenas ha asumido el ‘Gran Crack’. Un pequeño poblado chabolista se ha asentado en lo que hoy es el suelo verde más preciado de Nueva York, el mismísimo Central Park. Los llaman los HooverVilles, en honor a la ineficacia del por entonces presidente de Estados Unidos; Herbert Hoover. Los desamparados se instalan muy cerca del ‘Belvedere Castle‘, en lo que se llamaría “La calle de la depresión”. El asentamiento desaparecería en abril de 1933, cuando se reanudaron los trabajos de adecuación del parque. Fuente, 2.

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Hitler mimetizado.




1914. Adolf Hitler se alista en el ejército bávaro a pesar de ser un ciudadano austriaco. Entusiasmado con la nueva guerra, el 2 de agosto de ese mismo año acude en Munich a la manifestación multitudinaria en defensa de la declaración de hostilidades contra Rusia. La fotografía no es una reliquia rescatada con aleatoriedad. La instantánea fue tomada, y más tarde recuperada, por Heinrich Hoffmann a la postre fotógrafo personal del Gran Dictador. Fuente. 2.

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Inocentes.




1984. 3 de Diciembre. 42 toneladas de un potente pesticida se escapan a la atmósfera en la ciudad de Bophal. La ‘Bagdag de la India’. El deficiente mantenimiento y la negligencia sostenida en la dirección de la fábrica de la Unión Carbide provocó un desastre de proporciones ‘quijotescas’. Más de 20.000 personas murieron -y siguen muriendo- desde la descomposición de la nube tóxica en cianuro, fosgeno y otros gases. Decenas de abortos espontáneos congestionaron la maternidad del hospital municipal de Hamidia. Los fetos se conservaron y clasificaron para estudiar las causas de la muerte. Fuente, 2.

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El intercambio de camisetas que nunca tuvo lugar.




1966. Mundial de fútbol de Inglaterra. La selección anfitriona gana en cuartos de final a Argentina por un gol a cero en un partido muy bronco y polémico. El entrenador de los locales, Alf Ramsey, había tachado a los jugadores argentinos de bestias y animales durante la previa. Al finalizar la contienda vio como su lateral derecho George Cohen intenta intercambiar la camiseta con el argentino Mario González. Sin dudar un instante, acudió raudo a impedir el trueque bajo la atenta mirada del fotógrafo que inmortalizó aquella afrenta a los principio básicos de la deportividad. Fuente, 2.

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La humillación.




1944. El majestuoso acorazado USS New Jersey había servido en la 5ª flota durante el asalto aliado a las Islas Marshall. En diciembre de ese mismo año, y ya como integrante de la 3ª flota de los Estados Unidos, se desplazó como apoyo a las fuerzas aliadas que operaban desde las Filipinas hasta Okinawa. En la foto, de carácter eminentemente propagandístico, puede verse a uno de los prisioneros japoneses aseándose y despiojándose -totalmente desnudo- antes de ponerse el uniforme de servicio y ante la atenta mirada de toda la tripulación. Fuente, 2.

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Comité infantil de bienvenida.




1948. Berlín occidental. La Unión Soviética tenía bloqueado completamente el oeste de la ciudad, amenazando con matar de hambre a más de dos millones de personas. El presidente Truman decide organizar unos vuelos para distribuir más de 700 toneladas de alimentos por semana en lo que se llamaría el ‘puente aéreo’ estadounidense. Los primeros vuelos provocaron el júbilo y alivio de los asediados al mismo tiempo que enojaban enormemente a los soviéticos. Fueron necesarios un año y más de 27.000 vuelos para que en Mayo de 1949 terminara por descomponerse el bloqueo. Fuente, 2.

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Escaparate de Cabezas.




1938. Porto da Folha, Brasil. Las bandas al margen de la ley se multiplicaban y actuaban con impunidad en la mitad norte del país. La lucha de las autoridades por erradicar sus actividades ilícitas se volvió paradójica y disparatada con las exhibiciones de trofeos de los clanes detenidos y ajusticiados. En la imagen, la famosa banda de los Lampião (Virgolino Ferreira da Silva, su mujer María Gomes Bonita y sus nueve escuderos)… presta sus cabezas inertes para el escarnio público en la escalinata de la Iglesia de Santana do Ipanema. Lección de casquería inventada por la policía para escarmiento de los que intentaban imitar a los malhechores. Fuente, 2.

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La soledad del refugio.




1966. Texas. EEUU. Un estudiante de la Universidad de Austin llamado Charles Joseph Whitman se convierte en el autor de una de las masacres más sanguinarias de la historia de la universidad norteamericana hasta los tiroteos de Virginia Tech en 2007. El 1 de Agosto de ese mismo año se encaramó a la torre del campus con dos fusiles y dos recortadas para asesinar a 13 personas y herir a otras 31. En la imagen, uno de los cadáveres yace muy cerca de una transeúnte escondida y atenazada por el pánico. Fuente, 2.

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El hueco que dejó ella.




1911. 22 de Agosto. Las paredes del museo del Louvre de París amanecen con una ausencia irreemplazable. Los rotativos de media Europa sacan ediciones de urgencia con la fotografía del vacío. El retrato que un día perteneció a Luis XIV, que adornó la alcoba del mismísimo Napoleón y que salió de las manos del polifacético maestro Leonardo da Vinci había desaparecido. Un carpintero italiano que se escondió la noche anterior en los sótanos del insigne museo aprovechó para descolgar la eterna sonrisa de La Gioconda y esconderla bajo su guardapolvo. La pintura se recuperaría un par de meses más tarde. Fuente, 2.

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El beso.




1967. 17 de Julio. Florida. El fotógrafo norteamericano Rocco Morabito se encuentra de servicio para el periódico local de Jacksonville cuando un fuerte estruendo le sorprende de camino a su automóvil. Un operario de las líneas eléctricas nacionales había sufrido una aparatosa descarga de más de 4.000 voltios y se encontraba inconsciente colgado a más de 12 metros de altura. Mientras su compañero intentaba reanimarle con ‘el beso de la vida’, Rocco aprovechó para desenfundar la cámara y fabricar el premio Pulitzer de 1968. Fuente, 2.


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