Mostrando entradas con la etiqueta elbauldejosete. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elbauldejosete. Mostrar todas las entradas

09 diciembre, 2010

El segundo asedio de Leningrado

http://feedproxy.google.com/~r/wordpress/LVmE/~3/7ZHM5mCsykg/El segundo asedio de Leningrado: "
A finales del verano de 1941 dos científicos especializados en tubérculos estaban cosechando patatas a un ritmo frenético. Una vasta colección de 5000 variedades (conservadas como stock alimenticio de la Unión Soviética), en la estación experimental de Pavlovsk, 45 kilómetros al suroeste de Leningrado, ahora San Petersburgo.



Abraham Kameraz y Olga Voskrensenkaia junto con un grupo selecto de científicos, se apresuraban a desenterrar la enorme colección de semillas. Los nazis se acercaban rápidamente, a los pocos días ocuparían el centro de investigación y procederían a cortar todas las salidas de la ciudad de Leningrado…Un bloqueo que duró 872 días y costó la vida a más de un millón de personas.



El invierno de 1941 fue especialmente frío y cruel. A partir de entonces, todos los suministros de alimentos a la ciudad fueron cortados, la gente se redujo a comer cualquier cosa. Perros, gatos, ratas, suciedad, e incluso entre sí; además de sufrir los constantes bombardeos del ejercito alemán.

Pero en la estación experimental de la plaza de San Isaac, los científicos se apresuraron a desenterrar bajo el fuego de la artillería alemana la enorme colección de germoplasma de campo, lo que significa que las variedades se almacenan en plantas en el suelo. La mayoría de las especies en cuestión no se reproducen fielmente a partir de semillas, por lo que las variedades no se pueden almacenar como semillas. Una gran colección de 5000 variedades de frambuesas, cerezas, fresas, arroz y la más utilizada, las patatas….Todo un enorme trabajo para los científicos, bajo unas condiciones completamente inhumanas.



La estación de Pavlovsk cayó en manos de los alemanes durante el bloqueo de Leningrado, pero antes de la llegada de las tropas, los científicos fueron capaces de mover toda la colección de la estación para su almacenamiento en un sótano de la ciudad. Un banco de semillas que se convertiría en quizás el más famoso y desdichado del mundo, dados los acontecimientos que se vivieron en Leningrado.



A pesar del esfuerzo por proteger el gran banco alimenticio, doce de estos científicos murieron, principal y exclusivamente de hambre. Abraham murió rodeado de grandes variedades de arroz. Olga Voskrensenkaia sucumbió en el sótano delante de una gran colección de patatas.

¿Pero por qué los científicos voluntariamente decidieron sacrificar sus vidas para salvar un puñado de semillas?

Pues quizás fue una mezcla de heroísmo y lucha por salvar de la extinción la biodiversidad de cultivos. Una herencia de caracteres adquiridos del fundador en 1926 de la estación de Paulovsk, Nicolai Vavílov, el genetista y científico más famoso de la era Stalin. Un hombre con ideas puramente socialistas y un gran defensor de la genética. Valílov organizó una serie de expediciones botánicas por todo el mundo mientras desarrollaba su teoría de los centros de origen de las plantas cultivadas. Sin poder cumplir su sueño de terminar con el hambre en el mundo, se le consideró un enemigo del estado y fue encarcelado. Murió dos años más tarde por malnutrición.



No en vano, Vavílov fue realmente el que inició esa lucha científica por conservar los cultivos, y a pesar del heroísmo durante la Segunda Guerra Mundial, en la actualidad la estación de Pavlovsk contiene la colección más grande de Europa de variedades de frutas y bayas.

Actualmente, la histórica estación experimental se enfrenta a un futuro incierto, pues la tierra donde se asienta, se está vendiendo para construir viviendas particulares. Si este desarrollo planificado se pone en marcha, gran parte de la colección se perdería, en esta web, se pide ayuda. Aunque el presidente ruso Dmitry Medvedev anunció recientemente a través de Twitter que el tema será examinado,..se supone.



En la cultura popular existe una novela de la escritora estadounidense Elisabeth Blackwell, titulada “El hambre“que narra la difícil situación en que murieron de hambre los científicos mientras daban su protección al gen de semillas comestibles. También un banda de folk rock de Portland llamados The Decemberists, cuenta la historia de la recogida del tubérculo durante el asedio de Leningrado, con una letra que dice, ” Hemos hecho nuestro juramento a Vavilov, lo moveremos a donde sea, a pesar de nuestros dolores propios de la inanición”.

Más información en Wikipedia, en Huffington Post, en The Guardian, y en Croptrust.

Postdata: Rectificado el título erróneo, Siega por Asedio.(Mis disculpas).

Si te gustan las historias un tanto científicas, igual te puede gustar Un largo experimento de 370 días en la cama, o hablando de camas, quizás te guste Insomios premeditados, historias para no dormir.






Filed under: Ciencia incierta, General Tagged: banco de semillas, Estación experimental de Pavlovsk, germoplasma de campo, Leningrado

"http://feedproxy.google.com/~r/wordpress/LVmE/~3/7ZHM5mCsykg/

20 noviembre, 2010

Una madre en el infierno

Una madre en el infierno: "

De pie en un espacio azotado por el viento, en el campo de concentración alemán de Bergen-Belsen, un grupo de niños andrajosos tiritaba de frío. Era la primera semana de diciembre de 1944, y después de haber logrado sobrevivir a cuatro años y medio de guerras y muchos meses de encierro, aquellos pequeños judíos provenientes de Holanda se encontraban en el desamparo absoluto.


Apiñados en la oscuridad, los niños mayores trataban de calmar el llanto de los más pequeños, habían visto a los nazis llevarse a sus familiares en un convoy de camiones de la SS. Nadie sabía adonde los llevaban, pero todos habían oído pronunciar en voz baja los nombres de los campos de la muerte: Auschwitz, Treblinka, Chelmno


En este caos de muerte y desolación, un ángel resurgió del mismísimo infierno, una mujer llamada Luba Gercak, y este es el resumen de su historia…



En la penumbra de una barraca contigua, Luba despertó a la mujer que dormía junto a ella, ¿Oyes eso?, un grupo de niños está llorando. No es nada, repuso aquélla, es otra de tus pesadillas. Luba se había criado en un shetl, como llamaban en Polonia a las aldeas judías. Siendo apenas una adolescente, se casó con un ebanista llamado Hersch Gercak, con el cual tuvo un hijo al que pusieron de nombre Isaac. Entonces estalló la guerra y fueron arrastrados por sus devastadores efectos, los nazis subieron a casi todos los judíos de la región en carros tirados por caballos y los llevaron a Auschwitz-Birkenau, el campo de concentración donde se perpetraban los peores crímenes.


Al pasar por las puertas del campo, Luba abrazó a su hijo con todas sus fuerzas, pero unos agentes de la SS se lo arrebataron y se lo llevaron. Los gritos del niño, de tres años, resonaron en sus oídos mientras aquéllos lo metían en un camión junto con otros prisioneros, demasiado jóvenes para trabajar. Al poco rato, el vehículo partió hacia la cámara de gas. Los días siguientes fueron de terrible dolor, acentuado después de ver pasar un camión que arrastraba el cadaver de su esposo.


Luba ya no quería vivir, pero una fortaleza surgida del fondo de su ser no la dejó darse por vencida, quizás el destino le tenía preparada una misión…


Con la cabeza rapada y el número 32.967 tatuado en un brazo, consiguió que le asignaran un trabajo en el “hospital” de Auschwitz, el barracón adonde llevaban a lo enfermos para dejarlos morir. Transcurrieron días interminables y noches llenas de terror, pero con el  tiempo fue aprendiendo alemán y eso le permitió mantenerse alerta ante cualquier movimiento o decisión alemana. Cierto día oyó que unas enfermeras iban a ser trasladadas a otros campos en Alemania, entonces se ofreció a ir con ellas. En diciembre de 1944 la enviaron a Bergen-Belsen, un lugar donde no habían cámaras de gas, pero la desnutrición, las enfermedades y las ejecuciones sumarias lo habían convertido en un centro de exterminio expantosamente eficaz.



Volviendo a la penumbra de la barraca contigua, Luba volvió a despertar tras el llanto de los niños. Esta vez corrió hasta la puerta y con enorme tristeza pudo contemplar un triste espectáculo de un grupo de niños aterrados y muertos de frío. La mayor era un chica de 14 años llamada Hetty Werkendam, quien sostenía en brazos a Stella Degen, de dos años y medio. En el grupo había incluso bebés. Luba les hizo señas para que se acercaran, y en un alemán chapurreado los tranquilizó e indico que le siguieran hacia su barraca. Algunas mujeres trataron de impedir que metiera a los niños en la barraca, pues sabían lo fácil que era despertar la ira de los guardias. Pero ni mucho menos se arredró, tenía que proteger a aquellos inocentes.


Consciente de que no podía esconderlos, fue a informar de lo ocurrido a un agente de la SS para que le dejaran hacerse cargo de ellos. “Le doy mi palabra de que no causaran ningún problema”, pero, usted es enfermera,..¿”Por qué le preocupan estos judíos mugrosos”? , “porque también soy madre y perdí a un hijo”.


Mientras pensaba en lo que Luba acababa de decirle, el agente se percató de que inocentemente le tocaba el brazo, un acto que no estaba permitido que los prisioneros tocaran a los alemanes, así que le dio un puñetazo en plena cara y la arrojó al suelo. La mujer se puso en pie con la boca sangrante, pero no desistió en su actitud rogativa en ningún momento…Conmovido quizás en última instancia o tal vez, por no querer decidir que hacer con los niños, el agente decidió por fin: “Quedese con ellos, por mi que se vayan al infierno“.



En adelante, la comida se volvió su principal preocupación. Las raciones establecidas,(medio tazón de sopa y una rebanada de pan negro), apenas alcanzaban para no morirse. Así pues, Luba salía por las mañanas a rondar el almacén, la cocina y la panadería para pedir, canjear y robar comestibles, mientras el grupo de adopción aguardaban apiñados en la puerta del barracón a verla regresar. Le llamaban Hermana Luba, la mayoría de los pequeños no entendían sus palabras, pero sí entendían que la movía el amor. Y a pesar de las atrocidades que los nazis continuaban cometiendo, había logrado mantener vivos a “sus niños”.



Pasaron los meses del invierno, y los prisioneros de Bergen-Belsen se fueron enterando de que los Aliados ya estaban cerca. Al llegar la primavera de 1945, los alemanes trataron de deshacerse de los cadáveres que habían en todo el campo, pero fue en vano,..se desató un brote de disentería que dejó a los niños deshidratados e indefensos contra la intensa fiebre y los dolores de cabeza del tifus. De los niños de Luba varios enfermaron, pero milagrosamente y gracias al interés y dedicación casi incomprensible por el resto de los presos, consiguió sacar adelante a los niños con las pocas aspirinas que conseguía.


El domingo 15 de abril,  una columna de tanques del ejercito británico entró en la ciudad de Bergen-Belsen, por los altavoces se oyó un mensaje en varios idiomas: “Sois libres, Sois libres“.


Había miles de cadáveres por todos los lados, de los 60.000 prisioneros que quedaron, alrededor de 15.000 murieron después de la liberación.



Los 54 niños que Luba Gercak había socorrido y alimentado durante 18 semanas, todos sobrevivieron, exceptuando dos que no pudieron superar el tifus. Los niños fueron alojados en albergues mientras se hallaba la manera de reunirlos con sus madres, de las cuales casi la mayoría estaban milagrosamente con vida. Finalmente fueron deportados a su país de origen Holanda, la mayoría hijos de los principales talladores de diamantes de Amsterdam, que fueron utilizados como chantaje por los alemanes. Al igual que ocurrió con numerosos científicos judíos.


En abril de 1995, medio siglo después, los pocos de aquellos niños que se habían reunido, decidieron emprender una afanosa búsqueda de los demás. 30 hombres y mujeres que en su mayoría no se habían visto desde la terrible infancia, se reunieron en el ayuntamiento de Amsterdam para rendir tributo a Luba. El vicealcalde, en nombre de la reina Beatriz, le otorgó la Medalla de Plata Honorífica por Servicios Humanitarios.



Las sonrisas de Luba Gercak y de sus niños, expresan en ambas fotos una enorme felicidad, pero no revelan en absoluto la persecución, tortura  y asesinato sistemático del que fueron testigos directos. Pensando en las terribles condiciones que se vieron sometidas estas personas y lo difícil que tuvo que ser sobrevivir por uno mismo, resulta casi obligado decir que un ángel resurgió del mismísimo infierno.


Información resumida de artículo de Lawrence Elliott (1998),para Readers Digest encontrado en el baúl.


Artículo completo en Google libros, más en Wikipedia, en Momento digital y en Pilgrim Passages


Si te gustan, que no creo,  historias dramáticas que pueden entristecer a cualquiera, puedes seguir castigandote con Diario de guerra de un adolescente o también Experimentando con los Ovitz.


O tal vez el terrible y curioso dibujo de Terezka, una niña que creció rodeada de alambre de puas y muerte,..en mi Baultumblr.









Filed under: General, Leyendas de Guerra Tagged: Bergen-belsen, campos de concentración, holocausto, Leyendas de Guerra, Luba Gercak, nazis


"

25 octubre, 2010

Los fieles amigos del cementerio des Chiens

Los fieles amigos del cementerio des Chiens: "

Si alguna vez te encuentras en París y sientes el deseo de pasear, sigue la orilla del río hasta llegar a Asnières, allí existe un lugar donde, en medio del Sena se puede ver un islote con árboles. Rodeado de rejas de hierro forjado y un panoráma de veredas sombreadas y terrazas florecidas, se encuentra un grupo de pequeñas lápidas grises…“Es el cementerio de los Perros“.



En este cementerio de L´Iledes Ravageurs están enterrados más de cien mil perros amigos del hombre, y no son todos perros, hay también gatos, gallinas, monos, una gacela, dos caballos, un oso y hasta un león. Según la leyenda, la isla era un lugar de refugio para los piratas en la década de 1800…. Entramos.


Uno de los monumentos que allí se encuentran se levanta en memoria de “Barry“. El perro, esculpido al relieve en la piedra gris, aparece llevando a una niña sobre su lomo, de la misma forma que lo hizo en vida, cuando salvó a la criatura de perecer en una montaña nevada. La inscripción relata su historia…“Salvó la vida de cuarenta personas. Fue muerto por la número cuarenta y uno“.



Barry que pertenecía a los monjes de la orden de San Bernardo, pasó la mayor parte de sus siete años desafiando a las tormentas invernales en los Alpes Franceses para buscar viajeros que se habían extraviado o que, víctimas del frío, habían caído en profundos barrancos.


Cuando los hallaba, los calentaba con su cuerpo, y si estaban demasiado débiles para poder andar, los arrastraba fuera de la nieve. Después bajaba ladrando en busca de ayuda. Lamentablemente, encontró la muerte con honor y valentía. Un atardecer del mes de diciembre, Barry descubrió un viajero perdido en la nieve, el hombre, aturdido por el hambre y el frío, al ver un perro extraño cubierto de carámbanos, que ladraba y saltaba hacia él, fue presa del pánico. LLevaba consigo una barra de hierro, con la cual, enloquecido por el miedo, golpeó a Barry en la cabeza.



Aunque estaba mortalmente herido, Barry se arrastró hasta el monasterio para avisar a los monjes que había alguien que necesitaba ayuda. Los monjes siguieron sus huellas de sangre y llegaron hasta donde yacía el hombre que le había golpeado, quien, acongojado, ya se había dado cuenta de su lamentable error.


Continuando, al final del camino principal está el panteón en miniatura en el que yacen “Papillon y Turc“, dos perros policías que durante seis y diez años, respectivamente, rindieron sus leales servicios como miembros de la Liga de Seguridad Pública. En una caja de cristal incrustada en la piedra están las medallas que recibieron por salvar niños que se ahogaban, arrastrar hombres y mujeres asfixiados por el humo en edificios incendiados y poner en fuga a merodeadores, y, en dos ocasiones, mantener a raya a unos ladrones hasta que la policía llegó. Fue en una de esas ocasiones cuando Papillon encontró la muerte por el disparo de una pistola. La inscripción en su tumba dice..“Muerto en acto de servicio, 1910“.



Una gata, heroína de la primera guerra mundial, yace, junto a otros miembros de su especie, en la pequeña sección llamada, “La cuna de los gatos“. Su epitafio dice,..“A la gata X, en las trincheras sus bigotes delataban el olor del gas cuando éste se iba acercando. Maullaba tan fuerte, que los soldados se despertaban a tiempo para salvarse. Fue una chica muy valiente“.


Más adelante, sobre la lápida que cubre los restos de un perro aparece la siguiente inscripción, “Drag, 1941-1953, fiel compañero en horas trágicas, amigo querido en el exilio. S. M. la Reina Isabel de Rumania“.


Ya en una zona más privilegiada del cementerio, se encuentra los restos de un Podle llamado Moustache, el perro que acompañó a Napoleón Bonaparte durante algunos de los numerosos combates del imperial ejército galo. Su placa atestigua su lealtad,..“Al gran perro Moustache, héroe de la Armada muerto en España el 11-3-1811“.



Muchas de las tumbas que se encuentran en el cementerio de L´Iledes Ravageurs, llevan la famosa cita del gran pensador Pascal,.“Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro“,  o otras de Víctor Hugo,..“El perro es la virtud que, incapaz de tomar la forma de hombre, tomó la de bestia“.


La tumba número 32425 es la de Rin Tin Tin, el famoso perro artista de cine, que actuó en casi 30 películas en la década de 1920.  Su epitafio ..“Una gran estrella“, un poco más luminosa que otras de tercera categoria…


Entre los hombres de letras que han honrado a sus perros enterrandolos aquí, estan Henri Rochefort, Edmond Rostand y León Daudet. A los lados de otro camino están las tumbas de animales que pertenecieron a grandes músicos y actores, tales como Saint Saens y Sacha Guitry.



Pero, todo esto no es tan sentimental como parece. Hasta 1899, París no había organizado un sistema para disponer de los cuerpos de los animales muertos. Se enterraban en los jardines o patios traseros de las casas, se abandonaban a la intemperie o se dejaban en la basura para que los traperos los tiraran al Sena. Como había un perro en casi todas las casas, esta costumbre llegó a ser una amenaza para la salud pública.


La señora Marguerite Durand y el conde Alejandro Dumas,  tomaron la iniciativa y, con otros amantes de los animales, hicieron una suscripción para comprar un terreno donde hacer un cementerio. El municipio de París se apresuró a donar la L´Iledes Ravageurs, a ocho kilómetros del centro de la ciudad. Ricos y pobres, poderosos y humildes, se subscribieron al fondo. Un famoso arquitecto, Eugène Petit, diseñó la puerta y los más conocidos jardineros ofrecieron sus servicios. El cementerio que cubre una extensión de una hectárea, es propiedad de una sociedad particular y se sostiene del precio de la entrada y de la venta de terrenos. En ningún caso las sepulturas no se asemejan a las de seres humanos y está prohibido cualquier símbolo religioso.



La verdadera grandeza no nace sólo de las gestas gloriosas que aquí se citan, estriba también en la lealtad cotidiana. Los que allí descansan, ofrecieron amistad y cariño a grandes y humildes sin distinción, a lo largo de toda su vida….


Info estraída de artículo del Herald Tribune Magazine 1964 encontrada en el baúl.


Mucha más información y fotos en Wikipedia, aquí y aquí, también en Purr n furJPJ magazine y en flickr


Si te gustan las grandes historias caninas, igual te puede gustar Lampo, el perro que tomaba trenes o quizás César, un perro a la medida del rey


Bonito cortometraje de Barbara Gordon del cementerio de perros más antiguo de Francia y quizás la primera necrópolis zoológica del mundo…





Filed under: General, Lugares con Historia Tagged: Barry, Cementerio de perros, curiosidades, Des Chiens, Lugares con Historia, Moustache, necrópolis zoológica, Rin tin tin


"