27 agosto, 2010

Cambio Climático: Adaptarse al inevitable retroceso de los glaciares Andinos

Cambio Climático: Adaptarse al inevitable retroceso de los glaciares Andinos: "



Nuestro experto en adaptación al cambio climático del Banco Mundial, Daniel Mira-Salama, ya nos ha explicado sus proyectos de restauración de corales en Belice, y de protección de áreas naturales y biodiversidad en Dominica.



Hoy nos habla del imparable retroceso de los glaciares andinos, de las consecuencias de su deshielo, y de los proyectos que el Banco Mundial está emprendiendo… no en intentar preservarlos mitigando el cambio climático (a estas alturas y viendo la no-voluntad política manifestada hace unos meses en Copenhague, esto sería muy inocente). Sino en empezar a adaptarse a los problemas que su inevitable deshielo ya ha empezado a ocasionar.





El retroceso de los glaciares andinos, por Daniel Mira-Salama



Imagina que vuelas a Roma ilusionado en ver la Capilla Sixtina, y cuando llegas está cubierta por un enorme grafiti. Imagina que planeas un excitante viaje para bucear en el Mar Rojo, aletas, gafas, bombona, corazón latiendo excitado… y caramba, qué cosa, el Mar se ha secado; o resulta que una gran mancha de petróleo lo hace poco invitante al baño. Imagina que pones un circo, y una noche de repente, los enanos crecen todos a la vez.


Algo de esta magnitud sucedió recientemente en Bolivia. En la Cordillera Real de los Andes bolivianos, a 5421 metros de altitud sobre el nivel del mar, se encontraba el glaciar Chacaltaya, y la estación de esquí más alta del mundo. Imagina que organizas un viaje a la única estación de esquí que existe en Bolivia y...



Pues sucedió. El glaciar, esa tremenda mole de hielo acumulado durante milenios (se calcula que tenía unos 18000 años), empezó a retroceder centímetro a centímetro, metro a metro, poco a poco, hasta desaparecer por completo. En la actualidad, Chacaltaya es una lúgubre cumbre pelada con un inútil teleférico desde donde se observa el grafiti de rocas que parecería haber sido macabramente pintado sobre la superficie del hielo.



El fenómeno del retroceso glaciar se está observando desde hace décadas en todos los glaciares de los Andes Tropicales (en Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia). Los datos arrojados por estaciones de medida distribuidas en todo el subcontinente indican que la temperatura media en su superficie está aumentando, y recientes evidencias científicas (Bradley et al. 2006) muestran que la temperatura en las altas cumbres andinas está aumentando a mayor velocidad que la media.


El resultado de este aumento se puede observar en la figura adjunta, construida a partir de observaciones reales: todos los glaciares están reduciendo su longitud y su área. Los glaciares tropicales andinos cubrían un área de 2.940 km2 en 1970. Este área descendió a 2.758 km2 en 1991, y a 2.493 km2 en el 2002 (Kaser 2005). Tan sólo en Perú, donde se localizan más del 70% de los glaciares tropicales, el área se ha reducido en un 26% entre 1970 y 2003, en Venezuela se ha reducido en un 87%.



Los que habéis estado en un glaciar andino sabéis la emoción indescriptible que su presencia produce, entendéis la agradable sensación de insignificancia frente a su grandeza e inmensidad. Pero estos gigantes tienen los pies de barro, el que su deshielo genera.



Importancia de los glaciares


Los glaciares son estructuras fundamentales para las economías de los Andes, por su papel indispensable en la regulación hídrica de las cuencas glaciares. Su mecanismo de acción se puede comparar al de una gran esponja. Durante el invierno, cuando las precipitaciones son en forma de nieve, grandes cantidades de agua son ‘absorbidas’ por el glaciar y almacenadas en forma de hielo. Cuando llega la época seca y más cálida, el hielo se derrite, y el glaciar libera el agua acumulada durante la estación húmeda. De esta manera, se asegura la disponibilidad de agua en los riachuelos y torrentes que alimentan a los valles durante todo el año. Estos aportes del elemento vital son indispensables para la supervivencia de los ecosistemas asociados, base del sustento de las comunidades andinas de alta montaña. Los flujos glaciares son además fundamentales para la agricultura, para la generación de energía (aproximadamente el 50% de la energía de Perú es hidroeléctrica) y para el abastecimiento de agua potable. Ciudades densamente pobladas como La Paz y El Alto en Bolivia, o Quito en Ecuador, están ya sufriendo dificultades de abastecimiento de agua potable por la escasez hídrica en alta cuota.



Caminando y aprendiendo


Desde el Banco Mundial, bajo el liderazgo del Ing. Walter Vergara, se han conseguido unos recursos de donación del Fondo Global para el Ambiente (Global Environment Facility) de unos 8 millones de dólares, para el proyecto Adaptación a los Impactos del Retroceso Acelerado de Glaciares en los Andes Tropicales. Este proyecto se implementa principalmente en tres países (Ecuador, Perú y Bolivia), y algunas actividades también en Colombia. Se trata de un gran proyecto marco, en el que se están probando distintas actividades piloto para enfrentar los impactos del retroceso glaciar en la región. El proyecto está articulado en subcomponentes, que comprenden un conjunto de actividades con distinta finalidad según el país y la problemática específica, todas ellas diseñadas para aprender sobre la efectividad de las acciones a ejecutar, sus costos, y cómo se puede expandir en el futuro si resultan exitosas.



El proyecto tiene algo más de un año de vida, y la mayoría de intervenciones sobre el terreno están en la etapa de finalización de diseño. Por eso me las reservo para otra ocasión, y ahora aprovecho para describir el componente de conocimiento científico y fortalecimiento técnico institucional, que es la piedra angular. Para este fin, se ha identificado a los Servicios de Meteorología e Hidrología de los países participantes como las instituciones clave, y a través del proyecto se ha contratado personal de apoyo científico y técnico que colabora en la generación de escenarios de cambio climático y en el análisis de los impactos en la agricultura, ecosistemas, y abastecimiento de agua. Además, a través de acuerdos bilaterales facilitados por el Banco, se han traído a la región los resultados del Simulador de la Tierra de Japón, un gran supercomputador capaz de simular los aumentos de temperatura futuros a gran resolución, así como una colección histórica de imágenes satélite ALOS de las cumbres glaciares, a partir de las cuales se pueden analizar las tendencias de retroceso de los hielos. También se ha dotado a los países con nuevas estaciones de monitoreo glaciar a gran altitud, que proporcionará información clave en la gestión de los recursos hídricos de las cuencas glaciares.


Los países participantes se han entrenado en el procesamiento de los datos del modelo japonés, y están utilizando los resultados y las imágenes satélite como punto de partida para diseñar las acciones piloto de adaptación. En la actualidad, se está culminando el proceso de instalación de las estaciones de monitoreo a gran altitud.



Este gran proyecto tiene previsto otras muchas acciones, que ya describiré más adelante. Pero para concluir, quiero volver al Chacaltaya, a esa imagen de roca pelada y despojada de su tesoro helado. Me gustaría que esa roca oscura se convierta en una luz, en un faro que ilumine la retina de todos nosotros: el clima está cambiando. Y alguien, en alguna parte, lo está sufriendo.



Daniel Mira-Salama


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