24 agosto, 2010

El incordiante picamaderos de Cabo Cañaveral

El incordiante picamaderos de Cabo Cañaveral: "

De ordinario, las personas que visitan por primera vez el centro de actividades espaciales de Cabo Cañaveral, se llevan una inesperada sorpresa. En la pared norte de la plataforma de lanzamiento, existen unos dibujos estarcidos allí de la misma manera que los pilotos dibujaban en sus aviones durante la guerra los aparatos enemigos derribados, éstos en cambio muestran el lanzamiento de numerosos cohetes de los vehículos de lanzamiento Thor.


Y cual es la inesperada sorpresa?


Pues que entre todas esas ilustraciones aparece la de un pajarillo carpintero de cresta roja. Un picamaderos que existe como recuerdo de uno de los más complicados problemas de ingeniería que hayan confundido jamás a los hombres de ciencia dedicados a la conquista del espacio.



La batalla comenzó en octubre de 1962, unas tres semanas antes de la fecha elegida para lanzar un cohete Thor Able Star. Cuando inesperadamente esta pequeña ave se prendó del cable umbilical del proyectil, el cual consiste en un haz de conductores, que protegidos por una envoltura de aluminio, transmiten energía a los sistemas secundarios del cohete antes de su lanzamiento.


Este pájaro loco, ascendió poco a poco por el cable hasta que halló un cómodo lugar, a unos 25 metros del suelo en la plataforma de lanzamiento. Acto seguido comenzó a picotear alegremente hasta lograr perforar la envoltura y llegar al alma del cable. Tras ser detectado el fallo algunos de los obreros subieron a la plataforma y repararon el desperfecto. Pero dos días más tarde, los técnicos consternados advirtieron que el picamaderos había abierto otro agujero. Oficiales de la fuerza aérea y fabricantes de cohetes comenzaron a exprimir sus mentes sobre la manera de expulsar al indeseable inquilino.



Probaron sin éxito una sonora bocina y unas campanas. El carpintero proseguía su trabajo sin parar a pensar en los ruidos exteriores,… mientras abajo, el mundo millonario de la Ciencia se enconaba los ánimos y aumentaba a dosis agigantadas el cólera.


Como en cabo Cañaveral está prohibido disparar armas de fuego, se desechó la idea de recurrir a ellas. Cuando también falló el intento de electrocutar al carpintero, los científicos llegaron a la conclusión que era menester emplear medios más sutiles.



A falta de un experto en aves, llamaron al entomólogo del Cabo, quien aconsejó poner una botella de anhídrido de carbono cerca de los huecos excavados. Al parecer esto le sirvió de estimulante pues siguió con sus labores de picoteo incluso con más rapidez…Tras un nuevo fracaso se decidió buscar ayuda fuera de la base, preguntando a la compañía de luz y energía electrica de Florida, que métodos utilizaban para evitar que los pájaros carpinteros agujerearan los postes eléctricos. Estos respondieron que aplicaban a los postes una mezcla de arsénico y un compuesto químico derivado del alquitran. Pero irremediablemente esta solución no se adhería a la resbaladiza superficie de aluminio de la envoltura del cable…un nuevo fracaso.


Cuando ya parecía que el carpintero se había constituido en la suprema autoridad del Cabo Cañaveral, los ingenieros del espacio echaron en mano la inventiva por la cual son famosos. Amarraron al cable, justamente debajo del orificio, una botella de aire comprimido a alta presión, unida por medio de un alambre a la séptima plataforma de la torre de lanzamiento.


Cuando el desapercibido picamaderos se acercó a su agujero para iniciar otra sesión de picoteo, los ingenieros dieron la orden de fuego. Un  chorro de aire comprimido lanzó al incordiante pájaro loco a gran altura en la atmósfera, en la misma dirección que toman todos los cohetes, es decir hacia el este.


El pobre pájaro asustado se bamboleó pero rápidamente se enderezó emprendiendo vuelo hasta perderse de vista. Afortunadamente para los ingenieros nunca regresó. Habiendo así salvado su buena fama, repararon el daño ocasionado y lanzaron su cohete en la fecha prevista.



Por lo visto, el incordiante picamaderos no fue el único que tuvo en jaque a los ingenieros de Cabo Cañaveral. En febrero de 1995, los directores de la Nasa decidieron retrasar el lanzamiento de la misión STS-70, con el fin de hacer reparaciones a la espuma de aislamiento del tanque de combustible externo. En él, descubrieron docenas de orificios en el material de aislamiento, que debido al papel fundamental que juega el sistema de protección térmica durante el lanzamiento del transbordador, se determinó que las zonas dañadas se debían reparar antes del vuelo.



En la actualidad, y dados los acontecimientos, durante la preparación de los lanzamientos, los cientificos intentar minimizar los daños de una forma un tanto curiosa pero muy tradicional…Nada más y nada menos que con un enorme espantapájaros muy colorista, ni mucho menos para festejar Walloween, sino para evitar que unos simples pájaros carpinteros que cada vez son más numerosos en la zona, puedan entorpecer y retrasar proyectos multimillonarios.



En los preparativos del lanzamiento del transbordador Endeavour, en su misión STS-127, rumbo a la estación espacial internacional, se colocó un gran globo para que estos simpáticos pájaros locos no volvieran acercarse a la zona de lanzamiento.


De momento la medida parece eficaz, aunque quizás algún día les pueda resultar curiosa…y veremos donde acaba el globo y los incordiantes picamaderos de Cabo Cañaveral…


Historia extraída de uno de los Readers del baúl.


Más información en Sciencie, en Prensa espacial, en espace flight y en Enter Firin


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Unas imágenes del sujeto en cuestión…








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