23 agosto, 2010

“¡España no necesita de sabios!”, una frase con contenido de altura

“¡España no necesita de sabios!”, una frase con contenido de altura: "

Francisco José de Caldas | Fuente

Para poder entender el alcance del título de este post nos debemos situar a finales del siglo XVIII en el llamado, por aquel entonces, Nueva Granada. En una localidad situada al sur vivía Francisco José de Caldas. Este personaje se caracterizaba por ser un apasionado lector, inclinado por los temas científicos los cuales devoraba con extrema facilidad.

Por situaciones, que no vienen al caso, terminó recorriendo en mula los diversos caminos que atravesaban las cordilleras que separaban los principales pueblos del “reino”. Fue en estos interminables viajes que aprovechó el tiempo para aplicar y extender sus conocimientos como astrónomo, geógrafo y naturalista. Comenzó a registrar fenómenos astronómicos, elaborar mapas con base en triangulaciones geodésicas y realizar aportes en el campo de la orografía.

Sumado a todo esto, con el tiempo se interesa por la botánica lo que lo lleva a clasificar y registrar diferentes especies que encontraba día tras día. Es aquí donde requiere establecer con precisión los límites altitudinales de las principales especies.

En una de sus expediciones, cuando trataba de calibrar un termómetro roto descubre la aplicación de la hipsometría como método práctico para medir las alturas. La historia cuenta que por aquel entonces, cuando se encontraba cerca de la boca del volcán Puracé, tratando de medir la temperatura del hielo para verificar si la misma variaba con la altitud, insertó el termómetro en la nieve y éste se rompió. Debido a que no pudo reemplazarlo con facilidad, al retornar a su localidad procedió a calibrarlo tomando como parámetros dos valores definidos como eran el de la temperatura de ese hielo -0°- y el del agua en ebullición -80°. Así construyó un hipsómetro, es decir un termómetro suficientemente sensible que permitía medir la altura en forma indirecta, deduciéndolas a partir del punto de ebullición del agua y que paralelamente hacía posible determinar la presión atmosférica.

Este descubrimiento fue original e importante, dado que lo logró en forma independiente, con base en sus conocimientos y en su capacidad de raciocinio. Caldas fue consciente de lo que había descubierto, ignorando que el hipsómetro como tal había sido inventado por Farenheit en 1734. El artículo técnico asociado fue redactado en Quito en abril de 1802, pero sólo vino a publicarse en 1819.

Para avalar su descubrimiento, Caldas acude al famoso naturalista de la época Alexander von Humboldt, considerado como el padre de la Geografía Moderna Universal y que se encontraba por aquella época realizando su famosa expedición por territorio suramericano.

Para confirmar la originalidad de su descubrimiento, Caldas plantea varias inquietudes al renombrado naturalista; quien ya había tomado muchas altitudes barométricas y calculado que en el Mont Blanc la disminución de un grado de temperatura equivalía a 304 metros más de altitud. También se había ocupado de la ebullición del agua pero como parte de un problema diferente. Cuando Caldas, en marzo de 1802 le planteó sus inquietudes, Humboldt le respondió que Saussure ya había ensayado tal método y que lo había descartado por inexacto, lo cual produjo desconcierto en Caldas. Posteriormente, Humboldt rectificaría la respuesta aclarando que el método de Saussure tenía en cuenta la temperatura del aire, y no la del agua. Con esta aclaración Caldas recuperó la confianza y redactó su “Ensayo de una memoria sobre un nuevo método de medir por medio del termómetro las montañas”.

Hipsómetros

Hipsómetros | Fuentes de la imagen: 1, 2 y 3

Los aportes de Francisco José de Caldas a la ciencia, aunque importantes para la época, no tienen mucho valor científico, debido a los problemas que tuvo que afrontar y a las inconsistencias teóricas que hay en muchos de ellos; sin embargo, su labor radica en los planteamientos que expresó sobre la ciencia. No en vano es conocido como el Sabio Caldas.

Inclusive el reconocido escritor Mark Twain lo menciona en su libro A tramp Abroad, describiendo su invento, en plan cómico, como un recipiente en el que se hervía el agua y la temperatura del termómetro medía la altura.

Con el tiempo Caldas, por diferentes giros que tomó su vida, fue enviado a prestar sus servicios en el ejército. Ante el incontenible avance español, huyó al sur donde fue capturado y remitido a Santafé donde le sirve de cárcel su antiguo colegio: El Rosario. Posteriormente es sentenciado a muerte por los tribunales de justicia.

Hasta el último momento tuvo ingenio ya que durante su camino al paredón tomó un carbón extinto de una fogata de la guardia, y escribió en la pared el símbolo θ del cual se dice que es una lacónica, triste, resignada y misteriosa despedida. Este símbolo, que fue interpretado poéticamente por el pueblo como “Oh larga y negra partida”, en realidad representa la letra griega theta, inicial de la palabra Thánatos, que significa muerte.

El sabio fue fusilado por la espalda en compañía de sus compañeros de prisión Francisco Antonio Ulloam, Miguel Montalvo y Miguel Buch el día 29 de octubre de 1816.

Es de recordar que el militar español Pablo Morillo le negó el indulto exclamando, ante las peticiones de clemencia, que: “¡España no necesita de sabios!”.

Referencias:

- El viaje de Humboldt en Colombia y sus relaciones con Mutis y Caldas (PDF)
- La Querella de Humboldt y Caldas sobre Hipsometría
- Biblioteca Virtual del Banco de la República: Ficha bibliográfica F. J. de Caldas
- Sopa de barómetro, ¡rica, rica! (Blog: Ciencia 15)
- Artículos Wikipedia: 1 y 2

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