30 julio, 2010

NUMANCIA III: de la llegada de Junior y de cómo apretó las tuercas a la maquinaria romana hasta que todo terminó como ustedes saben que terminó.

NUMANCIA III: de la llegada de Junior y de cómo apretó las tuercas a la maquinaria romana hasta que todo terminó como ustedes saben que terminó.: "
NUMANCIA III: de la llegada de Junior y de cómo apretó las tuercas a la maquinaria romana hasta que todo terminó como ustedes saben que terminó.

Como vimos anteriormente, en 134 a.C. Roma estaba un poco cansada de hacer el canelo delante de todo el orbe mediterráneo -que ya hemos dicho que era algo así como así como un patio de vecinas, pero a lo grande- así que decidió echar toda la carne en el asador eligiendo como cónsul para Hispania a Junior.





El cuadro ‘La caída de Numancia’ de Alejo Vera (1881) se pintó antes de las excavaciones que mostraron una ciudad de estructuras mucho más modestas que las que aparecen en el cuadro. La obra recoge la tradición romántica del suicidio masivo de los numantinos, y sus representaciones de legionarios con corazas cuatro siglos posteriores al asedio de Numancia, inspiradas en la Columna Trajana, carecen de toda verosimilitud.


4.- Publio Cornelio Escipión Emiliano, Junior.

Este interesante personaje fue el encargado de poner fin a las guerras celtíberas siendo el responsable de la destrucción final de Numancia. Tarea esta –destruir ciudades- que, por cierto, se le daba bastante bien, como demostró pocos años antes al pasarse por la piedra a Cartago. Hijo de Paulo Emilio, el conquistador de Macedonia, entronca con la familia Cornelia al convertirse en hijo adoptivo del hijo de Publio Cornelio Escipión el Africano, que fue -recordarán ustedes- quien derrotó definitivamente a Aníbal haciéndole copiar mil veces eso de «No invadiré Italia sin pedir permiso antes». Es gracias a este glorioso parentesco político que, cariñosamente, hemos decidido llamarle Junior. Además, es más corto.

En la elección de Junior nos encontramos con otro de esos juegos malabares que de vez en cuando se daban en la política romana. Al contrario que cuando lo eligieron para bajarse al moro, esta vez sí tenía la edad legal para ser elegido cónsul; el fallo ahora residía en que, según la legislación vigente, no se podía elegir como cónsul dos veces a la misma persona en un período de diez años. Fallo técnico este que fue solucionado de la forma tradicional: se votó la suspensión de la ley durante ese año, volviéndose a aplicar con normalidad al año siguiente. En fin.

Al llegar Junior a la citerior se encontró con que los campamentos en los que estaban acuarteladas las tropas romanas de la provincia se habían convertido en casas de lenocinio. Literalmente. Prostitutas, adivinos y mercaderes convivían alegremente con los soldados, como si de un reality show de un canal local de televisión se tratara, mientras los mismos soldados se hacían servir por esclavos domésticos, o hacían uso de animales de carga para llevarles el equipaje en las marchas y así poder retozar luego más descansados en las pausas. Junior, que pertenecía a la crema de la nobilitas romana –o sea, que era bastante puritano- se mosqueó bastante. Expulsó a las prostitutas, a los mercaderes, a los adivinos –malos adivinos debían ser, cuando no se fueron por sí mismos antes de la llegada de Junior – y a los esclavos innecesarios, se incautó de algunos animales de carga, vendió el resto y se dispuso a hacer de esa masa de tipos acomodados que se llamaban a sí mismos soldados un verdadero ejército. Limitó a la mínima expresión el número de utensilios que los soldados podían lleva consigo, les prohibió dormir en camas, reordenó su alimentación prohibiéndoles además completarla por su cuenta y los puso a hacer ejercicios, marchas, contramarchas, maniobras y contramaniobrasen plan «para mañana 30 kilómetros de marcha», «construid aquí un campamento, destruidlo ahora, mañana construiremos otro», «ep aro, ep aro, variación derecha, ar. Firmes», «al que proteste le acogoto vivo», «rompan filas». Después de darles una estiba guapa y amargarles la vida a más no poder, cuando decidió que ya podía lograr algo positivo con ellos, se puso en marcha contra Numancia.

5.- Última campaña. Asedio y rendición de Numancia.



Cronología.


Junior comenzó las operaciones de la misma forma que lo hicieran Claudio Marcelo y Cecilio Metelo, atacando primero otras comunidades rebeldes, y dándose un paseo por tierras vacceas a fin de hacerse con la cosecha de grano y evitar que fuera a parar, como en ocasiones anteriores, a Numancia. En este proceso y en su aproximación final a esta ciudad, el ejército sostuvo varias escaramuzas y pequeños encuentros que se saldaron con victoria romana, lo que logró levantar bastante la decaída moral de la tropa. Fue entonces cuando decidió echar el órdago definitivo y se plantó –octubre del 134 a.C- delante de los muros de Numancia. Junior no tenía el más mínimo interés en entablar un combate formal contra los celtíberos –lo cual tiene su cosita si recordamos que estamos hablando de unos 8.000 hispanos contra unos 60.000 romanos, italianos y mercenarios- y pasó mucho de las provocaciones de los numantinos. Levantó siete fuertes en torno a la ciudad, rodeó ésta de un foso y un muro almenado provisto de torres y artillería, distribuyó a las tropas por todo el perímetro y se sentó a esperar a que los numantinos se rindieran o se murieran de hambre. Varias veces intentaron estos romper el cerco y todas ellas fueron rechazadas. Uno de los líderes de Numancia, Retógenes Caraunio, logró escabullirse y fue a pedir ayuda. En Lutia los jóvenes estaban dispuestos a acudir a su llamado, pero los ancianos le fueron con el cuento a Junior. Éste aplicó su Plan Preventivo Contra la Violencia Juvenil: se presentó en Lutia, convocó a esos jóvenes insurgentes, terroristas en potencia, y les cortó las manos a todos. Mano de santo –perdónenme el astuto juego de palabras-: todas las comunidades de la zona se hicieron los germanos –como hacerse el sueco, pero versión siglo II a.C- ante las peticiones de ayuda de Numancia. La ciudad quedaba así sentenciada. Tras 15 meses de duro asedio –al final incluso se llegaron a dar casos de canibalismo- preguntaron por las condiciones para la rendición. La respuesta de Roma fue tajante: rendición incondicional. Muchos numantinos se suicidaron antes de entregarse. Los demás, desnutridos, malolientes, pero orgullosos incluso en la derrota, se rindieron a Escipión. Éste seleccionó a los cincuenta más aparentes para celebrar con ellos su triunfo en Roma, vendió a los otros como esclavos, y ordenó que el lugar, la úlcera hispánica de Roma, fuera arrasado hasta los cimientos. Así acaba la historia de Numacia, pequeña ciudad celtíbera que osó, valiente e insensatamente, desafiar de tú a tú a la dueña del mundo.

6.- Numancia, historia y mito.



Casco, muy restaurado, que forma parte de un amplio lote de cascos similares que, aplastados, fueron depositados en grietas de la roca en una localidad de la provincia de Soria. Su tipología, peculiar, es similar a las de cascos itálicos, aunque algunos ejemplares parecen haber sido retocados con damasquinados en plata, toscos, de tipo ibérico o celtibérico. Quizá se trata de un conjunto de cascos de tropas romanas auxiliares capturados por los celtíberos y dedicados ritualmente. Algún casco similar ha sido hallado en una tumba de la necrópolis de Numancia. Siglo II a.C. Colección particular.


Dentro de la mitología patria, Numancia siempre ha tenido un significado especial, hasta el punto de pasar a formar parte del lenguaje mismo. En la lista de brillantes derrotas –Numancia, Guadalete, La Invencible, Trafalgar, Zaragoza, Santiago de Cuba, Annual…- que atesoramos más celosamente que las victorias –que también fueron muchas, y brillantes- en nuestro imaginario colectivo, el mito de la pequeña ciudad que resistió durante quince años a las águilas romanas ha destacado siempre con luz propia. Bueno. Los mitos forjan identidades y conforman comunidades, y en este contexto pueden tener su utilidad. Pero lo cierto es que el mito de la invencible Numancia no es más que eso, un mito. Siempre que Roma mandó un cónsul competente, activo, Numancia capituló –como hizo con Junior y con Marcelo- o estuvo a punto de hacerlo, como con Cecilio Metelo. Lo cierto es que la mayor enemiga de Roma en la guerra contra Numancia fue la misma Roma, representada por una serie de magistrados demasiado a menudo incompetentes, demasiado a menudo ambiciosos hasta el punto de llevar a cabo campañas apresuradas, mal organizadas, deseando lograr la victoria –y el prestigio, y el botín- antes de que terminase su mandato legal. Magistrados que mandaban tropas a menudo mal motivadas, mal entrenadas y mal equipadas, enfrentadas a un enemigo quizás menos organizado o disciplinado, pero diestro y agresivo, muy consciente de lo que se jugaba en el envite. Olvidémonos de los mitos y honremos a los numantinos como lo que fueron: un pueblo orgulloso y valiente que resistió hasta lo intolerable en defensa de su libertad, de su independencia, prefiriendo frecuentemente la muerte que entregarse a un arrogante invasor.



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  • La mayoría de las imágenes pertenecen al la serie de libros de Fernando Quesada publicados lo la Esfera de los Libros.


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