18 julio, 2010

Los extraños hábitos de Adolf Hitler

Los extraños hábitos de Adolf Hitler: "

Poco hay que no haya sido dicho ya sobre Adolf Hitler, responsable directo del exterminio de alrededor de seis millones de judíos bajo el régimen nazi. Quizás uno de los temas menos tratados haya sido el relacionado con la persona detrás del mito, sus manías y costumbres más allá de la imagen ofrecida por los libros de historia.

Capacidad de liderazgo, carisma, oratoria: rasgos que en otro contexto serían considerados positivos definían la personalidad de Adolf Hitler, extremadamente solitario y autosuficiente, algunas fuentes hablan de cierto complejo de inferioridad. Lo cierto es que a Hitler no le gustaba mostrarse desnudo, y nunca dejó que nadie lo viera desnudo. Estricto en la higiene personal, nunca usaba colonia o perfume de ningún tipo y por muy caluroso que fuera el día, nunca se desprendía de su abrigo/chaqueta. Convencional en cuanto al vestir, se dejaba aconsejar por su asistente personal Julius Schaub.


El bigote


Uno de los detalles distintivos de Hitler fue su bigote en forma de ‘cepillo de dientes’, cuyo uso ha desaparecido prácticamente en la actualidad posiblemente debido a que quedó ligado irremediablemente al régimen nazi, siendo aun hoy un símbolo fascista. Curiosamente, Hitler no tuvo siempre el mismo corte en su bigote.El Bigote de Hitler Originariamente este era mucho más frondoso, pero se vio obligado a recortarlo dado que siendo un soldado, no le permitía colocarse bien la máscara de gas. En 1923, el secretario de prensa Nazi, el Dr. Sedgwick intentó convencer a Hitler para que se deshiciera de su bigote, o lo dejara crecer con normalidad, a lo que Hitler respondió: “No se angustie por mi bigote. ¡Si ahora no está de moda, pronto se pondrá de moda porqué yo lo llevo!”.


Los monólogos


En las reuniones o cenas con miembros del partido, a Hitler le gustaba permitir que se discutiera sobre temas generales, pero llegados a cierto punto, obsequiaba a sus invitados con uno de sus famosos monólogos, que ensayaba siempre que tenía oportunidad. Es conocido que sus capacidades de orador no tenían parangón. Sus temas preferidos eran las historias acerca de cuando era un soldado raso, su vida en Viena, su paso por la cárcel, o sus inicios en el partido Nazi. Durante estas reuniones nunca elevaba su tono, a no ser que la ocasión lo requiriera. Es bien conocido que adoraba a Wagner, como deja patente esta cita que se le atribuye: “Quien quiera comprender a la Alemania nacionalsocialista debe de conocer a Wagner”. Sus monólogos acerca del célebre compositor, que nadie se atrevía a interrumpir, duraban hasta que su audiencia terminaba dormida.


El deporte


Hitler nunca tuvo mucho interés en el deporte, y lo máxime que hacía era andar. Se mostraba reacio a participar en actividades deportivas junto a otros miembros del partido, llegando a afirmar: “Un Führer no puede rebajarse a una

informalidad como esta. Debo mantenerme siempre a distancia de mi séquito”. En cambio, era capaz de pasarse horas andando de punta a punta en una habitación, siempre en diagonal.


Escribía de forma impecable, y su caligrafía ha sido estudiada por numerosos expertos. Curiosamente, en uno de estos análisis, el psicólogo suizo Carl Gustav Jung afirmó en 1937 que detrás de la caligrafía de Adolf se podían reconocer algunas características femeninas, cosa que cuadra con análisis que apuntaban que tenía ciertas tendencias homosexuales.Caligrafía de Hitler


Los ratos de ocio


En cuanto al ocio, una de las prácticas preferidas de Adolf Hitler era el circo: le fascinaba la idea de que personas de los más bajos estratos sociales fueran capaces de arriesgar su vida para divertirle. En sus múltiples visitas al circo, solía enviar a las artistas chocolate y flores como obsequio, recordando sus nombres y preocupándose por sus familias en caso de accidente. Ellas eran sin dud la principal atracción cirsense de Hitler, pues nunca mostró especial interés por los números donde participaran animales (a menos que una mujer los protagonizara).  Aparte del circo, era aficionado al cine, y disfrutaba en su sala privada de pases de películas, normalmente prohibidas al público en general, todas las noches. Adoraba los comediantes y cantantes judíos, remarcando siempre lo triste que era que estos no fueran arios.


Radicalmente opuestos a la comedia, era un devorador voraz de películas especialmente filmadas para su disfrute personal dónde se torturaba y mataba a prisioneros políticos. Sus asistentes también se aseguraban de que nunca le faltaran películas y fotografías pornográficas. Le gustaban, asimismo, los noticiarios (especialmente si él era el protagonista), la música gitana o, como ya comentábamos, la música de Wagner.


Indudablemente, y tal y como ocurre con todos los líderes, detrás de Hitler hubo una persona con sus manías, gustos y costumbres (y que en muchos casos, cómo con los cantantes judíos o la música gitana, entraban en profunda contradicción con sus ideales). Mucha de la información de la que se dispone para conocer cómo era Hitler en la intimidad se la debemos a Ernst Hanfstaengl, después de que este desertara:


En 1937, Hanfstaengl recibió órdenes de lanzarse en paracaídas en una zona en poder de la parte nacionalista en la Guerra Civil española, para ayudar en las negociaciones. Mientras, a bordo del avión temía un complot contra su vida y aprendió más detalles sobre el piloto de la misión, y finalmente admitió que había recibido la orden de lanzar a Hanfstaengl sobre el territorio, lo que habría significado una muerte casi segura. Hanfstaengl convenció al piloto de que le dejara escapar.


Curiosamente, su deserción se produjo cuando fue enviado a España para trabajar como agente de Francisco Franco.  Después de pasar un tiempo encarcelado, terminó trabajando para el Presidente Roosevelt revelando información sobre Hitler y el partido Nazi.


Fuentes

















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