09 septiembre, 2010

Pelagio el hereje optimista.

Pelagio el hereje optimista.: "Uno de los más interesantes teólogos que ha producido el Cristianismo, es seguramente el británico Pelagio. Uno puede estar de acuerdo o no con sus planteamientos, pero no cabe duda que su visión del Cristianismo es bastante provocadora. De hecho, fue condenado y ha sido considerado desde entonces como un hereje. Por desgracia, hoy en día no conservamos ningún escrito suyo, y lo que sabemos de él, se lo debemos a la pluma de los enemigos que se dedicaron a combatirlo y acabarlo. Por referencias se sabe que escribió una obra llamada 'De libero arbitrio' ('Del libre albeldrío'), hoy por desgracia perdida. Incluso los datos biográficos son inciertos. Debió nacer más o menos hacia el año 355, en Gran Bretaña o en la región de Bretaña en el norte de Francia, y se le sabe con vida hacia el año 418, ignorándose su fecha de muerte. Se le suele considerar un teólogo de origen celta, y es posible que la tradición cultural céltica haya impregnado su pensamiento.

Puede afirmarse que Pelagio era un pensador optimista respecto de la naturaleza humana. Para Pelagio, el ser humano es una criatura noble y heroica (en esto, Pelagio es muy celta, como puede verse). Por lo tanto, posee libre albeldrío para decidir entre el bien y el mal. Dios le señala el camino, pero es el ser humano el que hace el trabajo de seguirlo. Pelagio sostiene que en la rebelión de Adán y Eva contra Dios no se originó ningún pecado original, sino que lo único que nos ha legado, es el mal ejemplo de la desobediencia. En muchos sentidos, el pensamiento de Pelagio es una teología de la libertad. Compárese estas ideas con las de su contemporáneo San Agustín, para quien el ser humano es una criatura caída y condenada irremisiblemente al pecado original, del cual sólo puede salir por la Gracia de Cristo, sin que le basten sus propias fuerzas.

Las razones que llevaron a Agustín a combatir a Pelagio como hereje son bastante obvias, si se miran bien. Una de las consecuencias del pensamiento de Pelagio es que la Iglesia Católica se queda sin mucho por hacer. En vez de ser la depositaria de la salvación universal, se queda apenas como una organización filantrópica destinada a aconsejar bien a las personas y darles palmaditas amistosas en el hombro, y poco más que eso. Celestio, uno de los discípulos de Pelagio que llevó su pensamiento hasta las últimas consecuencias, declaró que no existiendo pecado original alguno, el bautismo no tenía valor para redimir los pecados. Si se considera que el bautismo es la puerta de entrada de los fieles a la Iglesia Católica, puede considerarse el escándalo que en la curia eclesiástica causó un ataque tan salvaje contra las bases de su propio poder. Las doctrinas pelagianas fueron condenadas en el Concilio de Cartago en el año 418, y desde entonces se volvió lugar común entre los teólogos de los siglos posteriores acusarse mutuamente de 'pelagianos' como uno de los más graves insultos que podían arrojarse por la cabeza (y el resto de la parroquia sin enterarse, miren ustedes). Jerónimo, el santo varón que tradujo la Biblia en su actual versión oficial en latín (la 'Vulgata'), le dedicó a Pelagio el lindo y muy compasivo epíteto de 'Albinum canem', el 'perro de Albión'.

Resulta interesante señalar que el historiador Arnold J. Toynbee considera el conflicto entre Pelagio y Agustín como una temprana fase del enfrentamiento entre la cultura céltica aún sobreviviente, y la cultura grecolatina perteneciente a un Imperio Romano por ese entonces agonizante (en 410, en forma contemporánea a Pelagio y Agustín, la ciudad de Roma fue saqueada por primera vez en siete siglos). Y ya en pleno siglo XXI, la película 'El Rey Arturo' le dedica un pequeño espacio a Pelagio, no haciéndole aparecer directamente en pantalla, pero sí haciendo que otros personajes se refieran a él. Con todo, la referencia que esa peli hace a Pelagio, sin ser históricamente falsas, al menos son inexactas. Pelagio es presentado como una especie de libertario político, y después se señala que fue asesinado en Roma. Lo primero, como puede colegirse de lo ya expuesto, es sumamente inexacto (Pelagio no parece haber puesto en tela de juicio directamente ni al poder político ni al religioso, aunque las aristas más filosas de su doctrina pudieran tener tales consecuencias), y sobre lo segundo, ya señalamos que después del año 418 desaparece de la Historia sin dejar rastros, y por lo tanto, lo mismo podría haber sido asesinado que haber muerto en su cama, en lo que a nuestro conocimiento histórico se refiere.
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