28 noviembre, 2010

Descansando

Descansando: "
Cuatro dias para poder organizar el dormitorio que he ido llenando de regalos y donaciones. Necesito descansar, llenarme de energias y escaparme del bullicio de la ciudad. Mi casa, mi castillo, mi hogar, mi refugio, que tiene la cura y el poder de desintoxicación de todos esos “males reales” adjuntos y que pertenecen a las ciudades grandes del planeta: la ambición, la vanidad, la búsqueda infinita y venenosa del éxito y del dinero, la lujuria, las adicciones, el alzheimer's, la envidia, la mentira, la locura, la disfuncionalidad de las familias. La continua, perenne, pegajosa y contagiosa presencia de seres obsesionados con el poder, la celebridad y el primer plano, llamando la atención como si la vida en medio de esa densa y urbana multitud contagiara una enfermedad peor que un cáncer o el sida por ser incurables, una enfermedad que de desear penetrar en forma invisible pero avasalladora por encima de todo, y hacerse “un nombre” como el de muchos notorios que sabemos y conocemos quienes son y que no tengo necesidad de mencionar para existir en medio de una masa de millones y millones de hombres sufriendo de las enfermedades terribles de este siglo, de aquellas que atacan y consumen no solo el cuerpo, sino la mente, el alma, el espíritu, el corazón. Seres que quieren llamar la atención y de sobresalir sin importarles nada ni nadie.

Estoy esperando respuesta a varias cartas y peticiones, los dias siguen avanzando y sigo encontrando piedras y paredes enormes, flechas, silencios que gimen, pesadillas, y voces que dicen lo que no necesito ni quiero oir. No sufro por mi, sufro por mil hermanitos que nacieron en la pobreza y a los que quiero ayudar, pero nunca pense ni se me paso por la mente que iba a ser un camino tan duro, que habia que hacer tanto papeleo y cumplir con tantos requisitos, y que la mayoria de las personas son indiferentes, que no les importa que haya gente con hambre y con frio.

Hace unos meses escribi: que

Existen “los otros” ¡No! esta vez no me refiero a mis seres invisibles, a los que mantengo vivos dentro de mi esencia, me refiero a los otros, a los artistas, a los creadores o creativos, a los poetas y escritores, a aquellos que piensan y por pensar y sentir y analizar y comprender han pagado un precio tan alto y de ninguna manera justo por la libertad de expresión, la libertad de palabra, por esa independencia que tienen que conquistar saltando altas murallas y padeciendo humillaciones, hambre, dolor, indiferencia y confrontaciones porque hay tantas maneras diferentes de ver lo que es la vida y lo que hacemos los seres humanos con y dentro de ella, y heme aquí, una vez mas, analizando los valores del artista, del bohemio, del espíritu que nos mueve y conmueve, de este don que tiene que venir del Lugar Supremo, del Santo Cielo, porque todo lo que tenga que ver con el producto del alma nos viene desde esa frecuencia de energía de luz, ¿o es que acaso no fueron los Ángeles los que inspiraron el Ave Maria de Schubert? o los que ayudaron a Miguel Ángel a esculpir la Piedad con esa perfección que solamente pudo haber sido guiada por la Mano de Dios, ¿y quien susurra a los inventores y les da las herramientas para que podamos crear, inventar, producir, hacer todo lo que hacemos con todas las partículas y moléculas de nuestros cuerpos que solamente son la carrocería exterior, la carne, el verbo?

Y yo, si, tonta yo, humilde yo, principianta aprendiz y buscadora de la luz, aquí me tienen en esta maratón de letras que forman cientos de palabras, aquí aprendiendo día a día a recibir y a comprender la complejidad de los acomplejados. Somos los artistas y escritores mentes activas, los que tenemos el privilegio de hacer un trabajo que amamos, aunque el precio que pagamos es muy elevado, y aquí me tienen en una de mis batallas nocturnas rebelándome porque quiero huir a un lugar lejos del bullicio de la ciudad y de sus oscuros villanos.

Quiero esconderme y buscar protección (si me refiero a las alas de mis Ángeles) porque ya soy parte del grupo de los escritores de y para las minorías, de los investigadores de la literatura del alma y de los temas profundos de la vida y de otras frecuencias. Y hay muchos que me dicen que porque escribo de Dios, de Ángeles y de luciérnagas encendidas, que porque hay tanta nostalgia y tristeza en mis palabras. No me dejo persuadir, yo dejo que mis Ángeles me dicten al oído y me dejo llevar por los susurros del viento, por lo que me dicen en sueños, yo no tengo la culpa si hay un público que no está listo para apreciar y recibir, para leer y entender. Es un síntoma de gran inseguridad interior el ser hostil e indiferente a todo aquello que nos resulta diferente, nuevo, desconocido, que no es parte de una rutina diaria o no nos es familiar, no se porque las personas tienen tanto miedo de explorar su alma, de vivir en paz con su conciencia, de no tenerle miedo a las voces internas, de buscar lo que es verdadero y que siempre es invisible a los ojos, pero que se siente en todos los poros de la piel.

Hoy es viernes y todavia sigo en ropa de cama, me di una ducha y me cambie de piyama, no quiero salir de casa, quiero meterme en mi cueva y refugiarme en la mirada de mi gata, desconectarme de todo por unas horas. Si, gozar de la compañía de mi soledad, me he demorado toda una vida en amarla, en sentirme feliz y en paz conmigo misma. La luz de mis amadas luciérnagas alumbrarán mi sendero y un camino de flores blancas adornará el camino de mis horas de descanso, paz, armonía y tranquilidad, lejos del bullicio del aeropuerto, de las calles de la ciudad, lejos de los notorios, de las malas noticias, del egoismo de miles que no encuentran una gota de generosidad porque tienen seca el alma.
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