19 noviembre, 2010

La apasionante vida sexual de las levaduras

La apasionante vida sexual de las levaduras: "

Levaduras reroduciéndose asexualmente


En una de sus novelas autobiográficas el naturalista Gerald Durrell cuenta una divertida anécdota de su niñez. Su profesor les explicó que los caracoles son hermafroditas y realizan la cópula simultáneamente con los genitales masculinos y los femeninos. Su hermano, el escritor Lawrence Durrell, montó en cólera. Es injusto que los humanos solo puedan disfrutar de un único órgano sexual, mientras que un animalillo baboso y asqueroso sea capaz conseguir el doble de gustirrinín.


Si hubiera conocido las costumbre amatorias de los organismos ascomicetos le hubiera dado un patatús.


La levadura Saccharomyces cerevisiae es un buen ejemplo. Este organismo unicelular lleva mucho tiempo conviviendo con el hombre, siendo responsable de algunos de los mayores hitos de la civilización como la elaboración de la cerveza y el vino (y el pan, no se por qué casi se me olvida). En condiciones normales la levadura tiene una sola copia de su genoma y puede ser de género a o α, que son iguales salvo en unos pocos genes. Una población donde solo exista uno de los sexos será viable, pero muy célibe y aburrida, ya que las levaduras solo se reproducirán de forma asexual por gemación.


La magia empieza cuando mezclamos en un tubo de ensayo células de ambos sexos. Las románticas levaduras no pierden ni un segundo en inundar el ambiente de amor. El cariño no se expresa con cartas, bombones, perfumes o ramos de flores sino emitiendo una feromona que es detectada por el sexo contrario.


Una vez una levadura a nota la presencia del la feromona α, o viceversa, aparecen los síntomas del enamoramiento, que no son mariposas en el estómago, ligereza en los pies o nubes en la vista, sino un parón en el ciclo celular y las levaduras se orientan hacia la dirección donde vienen las feromonas. La suerte ya está echada. Cuando la levadura a y la α entran en contacto físico tiene lugar un megapolvo apocalípitico que consiste que las dos células enamoradas se fusionan en una sola, dando lugar a una nueva célula que tendré dos copias del genoma.


Nosotros, presunto súmmum de la evolución, nos conformamos con compartir un cachito de carne, mientras que un mísero ser unicelular va con todo al acto sexual. La nueva célula (llamada diploide) puede vivir una feliz y larga vida conyugal, compartiendo los dos juegos de cromosomas y dividiéndose asexualmente.


Como todas las historias de amor, la unión íntima de las levaduras también puede acabar en divorcio. Si la célula diploide pasa a un medio pobre en nutrientes sufre un proceso denominado esporulación, por el que se divide en cuatro células hijas, dos a y dos α, cada una con una sola copia del genoma, que volverán a empezar el ciclo. Ya lo dijo el último de la fila: cuando la pobreza entra por la puerta el amor sale por la ventana.

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