08 noviembre, 2010

El lenguaje es capaz de modelar nuestras preferencias implícitas

El lenguaje es capaz de modelar nuestras preferencias implícitas: "La lengua que hablamos puede influir no sólo en nuestros pensamientos, sino también en nuestras preferencias implícitas. Esta es la conclusión de un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Harvard, que encontraron que las opiniones de individuos bilingües, de diferentes grupos étnicos, se vieron afectadas por el idioma cuando hicieron una prueba sobre sus prejuicios y predilecciones. Este documento fue publicado en el Journal of Experimental Social Psychology.



"A Carlomagno se le atribuye el dicho de que hablar otro idioma es como tener otra alma", comenta el co-autor del documento Oludamini Ogunnaike, un estudiante graduado en Harvard.  "Este estudio sugiere que el lenguaje es mucho más que un medio para expresar pensamientos y sentimientos. Nuestras pistas de trabajo señalan que el lenguaje crea y da forma a nuestras ideas y sentimientos."



La mayoría de la gente mantiene asociaciones negativas o positivas y actitudes implícitas de las que no suelen ser conscientes, y que se ha demostrado que predicen el comportamiento de los miembros de grupos sociales. En investigaciones recientes también se ha encontrado que estas actitudes son bastante maleables y sensibles a factores como el clima, la cultura popular, y ahora, por el propio idioma.



'¿Se puede cambiar algo tan básico como lo que nos gusta o disgusta al cambiar la lengua en la que expresamos nuestras preferencias?' pregunta Mahzarin R. Banaji, co-autor junto con Richard Clarke Cabot, profesor de Ética Social en la Universidad de Harvard. 'Si la respuesta es que sí, eso apoya más la idea de que el lenguaje es un importante formador de actitudes.'



Ogunnaike, Banaji y Yarrow Dunham, ahora de la Universidad de California, en Merced, utilizaban el conocido Test de Asociación Implícita (TAI), donde los participantes deben categorizar rápidamente las palabras que aparecen en una pantalla de ordenador o se reproducen a través de auriculares. La prueba le da a los participantes tan sólo una fracción de segundo para categorizar las palabras, sin tiempo suficiente para pensar en sus respuestas.



'El TAI circunvala gran parte del conocimiento consciente y se nutre de contenidos no conscientes que no se pueden controlar fácilmente', señala Banaji.



Los investigadores administraron el TAI en dos escenarios diferentes: una Marruecos, con bilingües de árabe y francés, y en EE.UU., con latinos que hablan inglés y español.



En Marruecos, los participantes que hicieron el TAI en árabe, mostraron una mayor preferencia por otros marroquíes. Cuando hicieron el mismo test en francés, esta diferencia desapareció. Del igual modo, en EE.UU., los participantes que hicieron el test en español mostraban una mayor preferencia por otros hispanos; pero si lo hacían en inglés, tal preferencia desaparecía.



'Era impactante comprobar cómo una persona hacía la misma prueba, en un breve espacio de tiempo, y mostrar resultados tan diferentes', apuntaba Ogunnaike. 'Es como preguntar a su amigo en inglés, si le gusta el helado, dar una vuelta y pedírselo otra vez en francés y obtener una respuesta distinta.'



En la prueba marroquí, los participantes veían nombres como "marroquí" (por ejemplo, Hassan y Fátima), o nombres "franceses" (como Jean o Marie), que aparecían en un monitor, junto con palabras consideradas "buenas" (como feliz o bueno), o consideradas "malas" (como odio o mezquino).  Los participantes presionaban una tecla cuando veían un nombre marroquí o una palabra buena, y pulsaban otra cuando veían un nombre francés o una palabra mala. Después, se cambiaban las asignaciones de las teclas, de tal manera que "marroquí" y "malo" compartíann la misma clave y "francés" y "bueno" la otra.



El Lingüista Benjamin Lee Whorf fue el primero en defender, ya en la década de 1930, que el lenguaje es tan poderoso que puede determinar el pensamiento. Entre tanto, la principal corriente psicológica era más escéptica, si bien aceptaba que el lenguaje podía afectar a los procesos de pensamiento, pero que no influía en el pensamiento mismo. Este nuevo estudio sugiere que la idea de Whorf puede generar interesantes hipótesis con las que pueden trabajar los investigadores.



"Estos resultados desafían nuestro asentado punto de vista acerca de la estabilidad de las actitudes", indica Banaji;  "todavía tenemos grandes interrogantes sobre lo fijas o flexibles que son, y el lenguaje va a ser una ventana por la que aprenderemos acerca de su naturaleza."



El trabajo de Ogunnaike, Dunham, y Banaji ha sido apoyado por el Centro Weatherhead de Harvard para Asuntos Internacionales y la Fundación Mellon Mays.



  • - Referencia: MedicalNewsToday.com, 5 noviembre 2010
  • - Fuente: Steve Bradt, Universidad de Harvard .


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