25 octubre, 2010

50 soluciones a la paradoja de Fermi (5ª solución): El zoológico

50 soluciones a la paradoja de Fermi (5ª solución): El zoológico: "
En 1973 John Ball propuso la hipótesis del zoológico como solución a la paradoja de Fermi. En sentido estricto, una hipótesis debe poderse someter a prueba, así que quizá sea más correcto referirse a 'escenario', aunque esto no signifique en absoluto que sea mentira, falsa o menos probable que otras explicaciones. De hecho, iremos viendo que hay ideas mucho más audaces e improbables que la propia explicación de Ball pero que, sin embargo, presentan predicciones que se pueden poner a prueba.

Ball suponía que las CETs (civilizaciones extraterrestres) eran ubicuas y que muchas de las que desarrollasen tecnología se estancarían o se enfrentarían a la autodestrucción (ya fuera desde dentro o por factores externos a ellas), pero probablemente algunas pervivirían. Por comparación con las civilizaciones terrestres, Ball razonaba que solamente necesitamos considerar las civilizaciones más avanzadas tecnológicamente. Éstas, en algún sentido, serán las que controlen el universo; las menos avanzadas serán destruidas o asimiladas. Y entonces surge la pregunta clave: ¿cómo elegirán las CETs altamente desarrolladas ejercer su poder?

Argumentando, nuevamente, por comparación con lo que hacemos los terrícolas, que disponemos o situamos a otras especies en áreas determinadas como pueden ser parques naturales, reservas o zoológicos, Ball especulaba que la Tierra constituía asimismo una región 'de vida salvaje' donde los alienígenas nos mantenían aislados para que nos pudiéramos desarrollar de forma natural. La razón por la que no parece haber interacción entre ellos y nosotros es que no desean ser descubiertos y disponen de la tecnología adecuada para asegurarse de ello. El escenario del zoológico sugería, pues, que las CETs avanzadas simplemente nos observan (existen variantes sobre la misma idea, una de las cuales supone que nuestro planeta es una especie de laboratorio inmenso en el que todos sus habitantes hacemos de cobayas).

Esta idea general tiene una larga historia en la ciencia ficción. Star Trek recoge la famosa 'prime directive' según la cual la Federación no puede inmiscuirse ni interferir en el desarrollo natural de un planeta. La mítica revista 'Astounding' en los años 1950, dirigida por John W. Campbell consideraba que la Tierra había sido puesta en cuarentena por los alienígenas bien con el propósito de protegernos o más comúnmente porque constituíamos una amenaza para ellos. Hasta la solución de Tsiolkovsky de que las CETs han dispuesto la Tierra para dejar que la raza humana evolucione hasta alcanzar la perfección contiene las semillas del escenario-zoológico.

Los partidarios de los platillos volantes tienden a dar validez al escenario del zoológico aún cuando éste predice específicamente que nosotros no deberíamos ver los platillos o cualquier otra manifestación de tecnología superior. Si los platillos volantes son naves espaciales, entonces el escenario del zoológico debe ser falso por fuerza.

James Deardorff propuso una variante de la idea de Ball que fuera compatible con las observaciones de platillos. Consistía en que las civilizaciones avanzadas y benévolas imponen una prohibición sobre el contacto oficial con la raza humana. Pero este embargo no es total: los alienígenas contactan con aquellos humanos cuyas historias son improbables de creer tanto por los científicos como por los gobiernos. Los alienígenas pretenden prepararnos poco a poco para el 'shock' que experimentaremos cuando al fin se nos revelen.

El escenario del zoológico ha sido atacado por varios frentes. La mayor dificultad que ofrece es que no conduce a ninguna parte, no constituye una hipótesis falsable. Una buena hipótesis debe sugerir ideas para observaciones que se puedan confirmar o desechar y al hacer esto se generen nuevas hipótesis. resulta difícil pensar en alguna observación que pudiese dar validez a la especulación de Ball. Su única predicción es que no encontraremos CETs pero este fracaso difícilmente confirma la sentencia inicial. Hay algo intrínsecamente insatisfactorio en una aproximación según la cual, no importa lo mucho que lo intentemos, la ausencia de CETs se explique sencillamente diciendo que no quieren que los veamos. Yo también entonces puedo explicar la falta de gamusinos en mi jardín diciendo que se vuelven invisibles cuando miro hacia el lugar, pero esto es una muy pobre explicación científica.

Otra crítica tiene que ver con el antropocentrismo que presupone el escenario del zoológico. ¿Por qué van a estar interesados los extraterrestres en nosotros y no en los delfines, monos o las abejas, por ejemplo?

Una debilidad aún más seria del argumento de Ball es que tampoco explica por qué la Tierra no fue colonizada mucho antes de que aparecieran formas de vida complejas. Quizá el escenario describa la reacción de las CETs al descubrimiento de vida inteligente en la Tierra pero ¿hubiera sido la reacción idéntica si todo lo que hubiesen hallado fueran organismos primitivos unicelulares?

Por último, basta con que una CET rompa el embargo para que veamos a los alienígenas. Más aún, la solución propuesta por John Ball no explica por qué no los vemos ahí afuera, en la galaxia. ¿Dónde están sus proyectos de ingeniería, sus sistemas de comunicaciones? Una cosa es tenernos aislados y otra muy distinta es detener u ocultar toda actividad a nuestro alrededor. Y lo más importante, ¿por qué suponer que todas las CETs se van a comportar siempre de la misma manera con respecto a nosotros?

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