19 octubre, 2010

Cuando la televisión fabricaba héroes de verdad

Cuando la televisión fabricaba héroes de verdad: "

Esta es la historia de un oficinista convertido a estrella, un hombre que se jugó la vida salvando a una mujer desconocida. Una escena que dio la vuelta al mundo cuando las televisiones narraban sin participar. Cuando la fábrica de héroes mediáticos no era premeditada y las cámaras no eran parte sino testigo. La historia de Lenny Skutnik, el contable que salvó la vida a Priscilla Tirado en el accidente aéreo del río Potomac en 1982. Aquellas imágenes de Priscilla pataleando en el hielo forman ya parte de la historia de toda una generación.


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Las imágenes que hicieron historia. “The Potomac Crash”


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Eran otros tiempos. Tiempos de Omaira, la niña que no sobrevivió al Nevado del Ruiz. Tiempos donde la televisión enseñaba la más cruda de las realidades, pero sin manipular, sin marcadores ni merchandising, sin pausas publicitarias; sin fabricar héroes postizos mutilados de epopeya para la eternidad. Tiempos de informar sin mangoneo.. por muy dura que fuese la historia. En definitiva, tiempos de puro periodismo.


Las historias de los héroes no se planean, no se dibujan sobre un croquis o escaleta… no se apuntan en un calendario concertado con Coca-Cola. Los verdaderos héroes los fabrica el destino, los viste la desgracia y el valor los pone en su hueco en la historia. Las cámaras son sólo las albaceas de ese destino no pactado. Y los honores son los adornos que ponen los que sólo quieren aprovecharse del valor ajeno.


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Restos del avión siniestrado y detalle del puente con el que impactó la aeronave. Fuente


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La aventura transcurre el 13 de Enero de 1982, en uno de los inviernos más fríos que se recuerdan en la costa este de Estados Unidos. Con una de las nevadas más copiosas del siglo pasado. El aeropuerto de la capital -Washington DC- estaba colapsado y decenas de vuelos retrasados por los estragos de la nieve.


Uno de esos vuelos era el número 90 de Florida AirLines. Un Boeing 737-222 con 74 pasajeros y destino Florida que esperaba, cargado e impaciente, su turno de despegue. Antes de ello, las máquinas de deshielo actuaron sobre sus alas para descargar algo de peso. La nieve seguía cayendo y, con el suelo helado, el remolcador tenía dificultades para lleva la aeronave a la cabecera de pista. El piloto, el capitán Larry Wheaton, tomó entonces una decisión que después se concluyó errónea, utilizó los reversores de los motores para salir de la puerta de abordaje hacia la pista, sin saber que estaba entrando demasiada nieve en las turbinas de la aeronave.


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Rescate de dos de los pasajeros del avión siniestrado. Fuente


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El avión enfiló pista y se acercó al DC-9 que le precedía para intentar calentar sus alas con el rebufo de sus motores. Pero la temperatura exterior era bajo cero y la maniobra sólo consiguió helar aún más las alas de la máquina con bocanadas de aire congelado. Segundo error.


Cuando el avión consiguió despegar, el exceso de peso en las alas unido a la falta de potencia de las turbinas le llevaron al ‘stall’ inmediato o etapa de pérdida de sustentación, cuando las alas dejan de recibir el suficiente empuje de aire para mantener el propio peso de la aeronave. El avión comenzó a caer.


Tan solo 400 metros más allá del final de pista, el avión se vino a tierra sobre el puente de la calle 14, en el río Potomac, antes de terminar en sus aguas congeladas. Se llevó consigo seis automóviles y un camión. Cuatro de los conductores murieron en el primer impacto con el puente. Sólo 16 personas de las que salieron despedidas del avión, se rescataron con vida. El resto se hundieron con la aeronave en las profundidades del caudaloso río. Temperatura en superficie, 20 grados bajo cero.


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El Potomac congelado desde el puente siniestrado. Restos del avión esparcidos por el hielo. Fuente


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El accidente ocurrió a las 4 de la tarde, hora local. Un momento en que todos los trabajadores de la zona abandonaban sus puestos de trabajo para evitar la nevada y volver a sus hogares, pero colapsando los accesos a la ciudad por los puentes e impidiendo la llegada de las ambulancias y equipos de rescate… Había mucha gente sí, pero la ayuda crucial no podía acceder de manera efectiva al lugar del accidente.


Los primeros en movilizarse fueron los transeúntes, los conductores de los coches atascados, los peatones sorprendidos por el temporal. Salieron al puente; unos para mirar, otros para ofrecer su estéril ayuda. Aparecieron las primeras videocámaras personales para inmortalizar los instantes iniciales del improvisado rescate. Imágenes que pronto darían la vuelta al mundo.


Las primera fuerza oficial en llegar fue un remolcador del servicio de guardacostas que estaba de paso. Intentó acercarse al amasijo de hierros que asomaba sobre varios de los témpanos congelados del Potomac. Sin el equipamiento adecuado, intentó echar los flotadores a los supervivientes que, aturdidos por el impacto y por el frío, eran incapaces de asirse a ellos. Habían transcurrido sólo 10 minutos desde el accidente.


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Priscilla -a la derecha- en el agua congelada, instantes previos a la zambullida de Lenny. Fuente

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Un pequeño grupo de transeúntes civiles se acercó a la ribera con un todo terreno para intentar remolcar a algún pasajero, pero el trabajo era imposible. Al mismo tiempo que intentaban desplegar una linea de rescate desde la orilla con el cable de tracción del coche, el primer helicóptero de la policía llegaba al lugar del accidente. Sin apenas detenerse acercó sus dos patines de aterrizaje al lugar donde flotaban temblorosos los últimos pasajeros vivos. Pero ninguno de ellos lograba asirse con la suficiente fuerza a la aeronave. Regresó más tarde con un cable metálico atado a un flotador. Varias cámaras llevaban ya tiempo grabando.


Fue entonces cuando se vivieron las escenas más sobrecogedoras de todo el rescate. Bert Hamilton fue el primer hombre que consiguió llegar a la orilla arrastrado por la línea flotante del helicóptero, agarrando fuertemente con su brazo el flotador suspendido. Pero el tiempo pasaba, y las dos únicas mujeres que quedaban perdían por el intenso frío sus últimas fuerzas. El helicóptero volvió -ahora con dos líneas- de las que se cogieron ambas; Priscilla Tirado y Patricia Felch. Cuando estaban cerca de la orilla se descolgaron las dos de los flotadores y cayeron al agua, presas de intensos calambres y aturdidas por el inicio de una congelación inminente.


En una de las escenas más estremecedoras del rescate puede verse a Priscilla Tirado intentando nadar en una piscina de hielo, agitando inútilmente los brazos y absolutamente desorientada y aterida por el frío. Aquí fue cuando apareció nuestro héroe, al final de la historia, sin el falso protagonismo que daría la omnipresencia en el texto, de entre la multitud observadora y espoleado por el gesto agónico de Priscilla. Lenny Skutnik, un contable de la oficina del presupuesto de las Cortes, se quedó en mangas de camisa para lanzarse a las gélidas aguas del Potomac y ayudar a Priscilla y Patricia a alcanzar la orilla ante la estática estupefacción de bomberos, militares y asistencias. Nunca olvidaré esas imágenes.


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Ronald Reagan reconociendo los méritos de Lenny Skutnik en el Estado de la Unión de 1982


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Lenny Skutnik fue elevado a los altares de los superhéroes nacionales con el tufillo que sólo los norteamericanos suelen dar a sus ídolos de barro. Pero Skutnik, esta vez, si lo merecía. Condecorado por el mismísimo Ronald Reagan fue bautizado como el ‘héroe del Potomac’ y la primera persona invitada con honores en el discurso anual del presidente sobre el Estado de la Unión, inaugurando una célebre lista que llevaría su nombre,… pero esa es la parte de la historia que no merece tanto la pena reseñar…


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Enlaces  y fuentes:




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