29 octubre, 2010

50 soluciones a la paradoja de Fermi (8ª solución): Dios existe

50 soluciones a la paradoja de Fermi (8ª solución): Dios existe: "Algunos autores han sugerido que SETI
(el proyecto de búsqueda de inteligencia extraterrestre) y sus científicos se hallan involucrados en una búsqueda que en poco se diferencia de la puramente teológica, ya que si las CETs son probablemente mucho más avanzadas que nosotros, vemos a los alienígenas como seres omniscientes y omnipotentes, como dioses, en consonancia con la tercera ley de Clarke, que afirma que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia). Otros autores, en cambio, piensan todo lo contrario, y así afirman que sabemos lo suficiente para no ver a los extraterrestres como dioses o magos. Incluso se ha argumentado que Dios, el creador del universo, de nuestro universo, existe. Y aún más, ya que como Dios está en todas partes, nuestra búsqueda de inteligencias extraterrestres quedaría plenamente satisfecha si encontrásemos a Dios.
Existe una especulación en el mundo de la física teórica que podría, en caso de que fuese confirmada, demostrar la existencia de muchos otros universos que probablemente conducirían al desarrollo de CETs; es más, quizá una de esas CETs hubiese creado nuestro propio universo. En este sentido, serían Dios. La teoría o modelo físico capaz de responder la pregunta sería 'una teoría de todo' (theory of everything), la tan tenazmente perseguida durante tantos años por el mismísimo Albert Einstein sin resultados, un modelo que unificaría todas las fuerzas conocidas de la naturaleza: gravitatoria, nuclear fuerte, nuclear débil y electromagnética.
La mejor candidata hasta el momento para conformar esta teoría de todo es la conocida como teoría M. Aunque no está totalmente desarrollada, ni mucho menos (algunas de sus herramientas matemáticas aún están por inventar), parece que la teoría M es la gran esperanza de muchos investigadores para dar respuesta a las grandes preguntas sobre el universo. Existen, sin embargo, indicaciones de que la teoría tendrá una serie de parámetros (como, por ejemplo, las masas de las partículas fundamentales y las intensidades relativas de las fuerzas fundamentales) cuyos valores deben ser introducidos 'a mano'. Las ecuaciones de la teoría final podrían afirmar, por ejemplo, que las masas de los electrones o el valor de la constante cosmológica no son nulas pero, en cambio, no explicar sus valores exactos, por qué éstos son no son más grandes o más pequeños. Cuando un modelo físico fracasa en esto, en explicar por qué los parámetros fundamentales presentan los valores que observamos, lo que tenemos en realidad es una teoría que describe una multitud de posibles universos: un multiverso. Cada uno de estos universos presenta distintos valores de los parámetros fundamentales.

La vida requiere química, la química necesita estrellas, las estrellas necesitan galaxias y todas ellas requieren que los anteriores parámetros presenten valores comprendidos en un determinado rango. Si la interacción nuclear fuerte fuese más pequeña de la que conocemos, no existirían núcleos atómicos estables; si la constante cosmológica fuese diferente, el universo sería muy distinto del que conocemos.
Lee Smolin ha estimado que la probabilidad de que eligiendo un conjunto de parámetros fundamentales al azar nos saliese un universo capaz de albergar vida es de 1 entre 10229 (la de acertar 6 resultados en la Lotería Primitiva es de 1 entre casi 14 millones). Así, una primera aproximación para explicar los valores de los parámetros del modelo es que éstos han sido producto del azar.
Una segunda aproximación consiste en invocar el denominado 'principio antrópico'. Quizá fue Dios quien ajustó los parámetros a unos valores adecuados para el desarrollo de la vida. O quizá existen muchos universos y en cada uno de ellos se da un conjunto de valores diferentes de los parámetros e incluso de las leyes de la física. Nosotros vivimos, sencillamente, en uno que permite nuestra existencia.
La tercera aproximación, debida a Smolin, consiste en aplicar las ideas darwinistas a la cosmología. Quizá las ecuaciones no puedan explicar los ajustes tan finos de algunas constantes fundamentales, pero los procesos evolutivos puede que sí. Smolin sugiere que los parámetros, las constantes del mundo físico (puede que hasta las mismas leyes físicas) han evolucionado hasta alcanzar su actual forma a través de un proceso similar a la mutación y a la selección natural. El punto de partida de Smolin es que la formación de un agujero negro en un universo da lugar al nacimiento de otro universo diferente y en expansión. Los parámetros fundamentales del universo bebé son ligeramente distintos de los del universo papá. Así, nuestro universo se generó a partir de la formación de un agujero negro en universo padre con unas constantes físicas similares a las del nuestro. Un universo con parámetros que permitan la formación de agujeros negros tiene prole, descendencia que, a su vez, produce otros agujeros negros. En cambio, un universo con un conjunto de parámetros que no permitan la creación de agujeros negros no producirá descendencia. De esta manera, los universos más probables serán aquellos en los que se formen más agujeros negros.

Ahora bien, según lo que sabemos sobre evolución estelar, la forma más eficiente de producir agujeros negros consiste en hacer colapsar estrellas masivas. Es, pues, esperable que la evolución cósmica haya dado lugar a una preponderancia de universos en los que abunden las estrellas. Y un universo con parámetros físicos que dan lugar a estrellas es un universo que, inevitablemente, posee núcleos pesados, química y escalas de tiempo suficientemente largas como para que emerjan fenómenos o estructuras complejos, como la vida. El ajuste fino de las constantes favorece la producción de agujeros negros más que la producción de vida.
Todo lo anterior, evidentemente, es pura especulación. No hay forma actualmente de saber si un agujero negro es capaz de dar a luz a un universo en expansión. Asimismo, surgen infinidad de cuestiones que tampoco sabemos responder: ¿un agujero negro alumbra siempre un universo? ¿qué sucede cuando se funden dos o más agujeros negros? ¿juegan algún papel la masa, la carga del agujero negro?
Aunque preguntas como las precedentes no tengan respuesta hasta que dispongamos de una teoría cuántica de la gravedad y la idea de Smolin aglutine ideas científicas como la evolución, la relatividad y la mecánica cuántica, la verdad es que permite una predicción específica con la que se puede someter a prueba la teoría. Esta predicción es que, como vivimos en un universo que crea muchos agujeros negros y podemos suponer que los parámetros fundamentales están próximos a los valores óptimos para la formación de agujeros negros, un cambio en cualquiera de ellos conduciría a un universo con menos agujeros negros. Modificar todos los parámetros del modelo simultáneamente y predecir lo que ocurriría aún no sabemos hacerlo.

Por su parte, Edward Harrison aún va más que Smolin y se plantea lo siguiente: ¿y si fuésemos capaces de hacer nosotros mismo agujeros negros? Si la teoría de Smolin fuese correcta, estaríamos incrementando la probabilidad de que otros universos albergasen vida inteligente. En un futuro lejano podríamos crear universos bebés y quizá nuestro propio universo fuese creado por una civilización inteligente suficientemente avanzada. Puede que nosotros nos pudiésemos convertir en dioses, en creadores de universos.
¿Cómo saber si somos la creación de una CET? ¿Han podido estas CETs enviar, de alguna forma, un mensaje que nos haga entender lo que han llevado a cabo?
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