29 octubre, 2010

Historia del dolor

Historia del dolor: "
Desde aquel bíblico “Parirás con dolor” con el que Dios maldijo a Eva al expulsarla del paraíso, el dolor ha acompañado al hombre sin distinguir razas, clases sociales ni religión. Ya lo dijo Séneca: “el dolor está extendido en la Tierra en proporción infinitamente más vasta que la alegría. Quien crea que no ha sufrido, solamente tiene que tener un poco de paciencia”. La historia del tratamiento del dolor es una combinación de factores culturales y sociales fascinante.

En el Neolítico, hace más de 9000 años, el dolor se creía causado por los demonios o malos espíritus y se combatía, desde el punto de vista físico, con frío y calor, sangre de animales y plantas y, desde el punto de vista psíquico, con ritos mágicos para expulsar al espíritu malhechor.

Los sumerios, en el año 400 a.C., empleaban como tratamiento del dolor el hulgil o planta de la alegría. Es la primera vez en la historia en que tenemos referencia del uso del opio para aliviar el dolor.

Los mesopotámicos y, posteriormente, los antiguos egipcios, creían que el dolor era un castigo de los dioses. Para erradicarlo, además de hacer una ofrenda en el templo, empezaron a usar vegetales con propiedades narcóticas y analgésicas. Por ejemplo, en la Antigua Mesopotamia se usaban hojas de mirto, una planta que tiene en sus hojas precursores del ácido acetilsalicílico (el componente mayoritario de la conocidísima AspirinaR). Los egipcios antiguos iban por la vía dura, usando adormidera, mandrágora y hachís, no sólo para el tratamiento del dolor, sino para que los niños durmieran por la noche (¡Estos sí que sabían!).

La cocaína fue introducida en el mercado europeo desde Sudamérica (cosa que sigue pasando en nuestros días): los incas peruanos pensaban que la coca era un regalo del hijo del dios sol para compensar el sufrimiento humano. Bernabé Cobo, un cronista español de la época, recoge este hecho y los efectos anestésicos locales de la cocaína en su libro “Historia del Nuevo Mundo”.

Los chinos creían equilibrar el ying y el yang a base de acupuntura y hachís.

En el año 450 a.C. , Hipócrates instauraba la primera anestesia inhalatoria. Lo hacía con una esponja de mar empapada en opio y mandrágora que daba a oler a sus pacientes antes de la cirugía. Esta técnica, junto con el uso de la cocaína y el hachís o el más rudimentario de emborrachar a conciencia al paciente, fueron los medios existentes para tratar el dolor hasta el siglo XIV.

Theophrastus Phillipus Aureolus Bombastus von Hohenheim, más conocido (lógico, con este nombrecito de marras) como Paracelso, fue un genio suizo que mezcló ácido sulfúrico con alcohol caliente obteniendo un compuesto que llamo “vitriolo” (y que hoy llamamos éter). Lo dio a beber a sus gallinas, observando como caían en un profundo sueño. Desgraciadamente, sus conclusiones fueron olvidadas en los archivos de Nüremberg, retrasando la aparición de la anestesia 300 años.

También en el Renacimiento, Leonardo da Vinci hace una descripción de la anatomía de los nervios del cuerpo, relacionando los puntos dolorosos con lesiones de nervios.

A pesar de que van a pasar 400 años hasta que a alguien se le ocurra usar el éter para algo más que para dormir pollos, y casi 500 años hasta que la morfina y la aspirina hagan su sonora aparición, las bases del dolor ya están sentadas. Y los cimientos de la Anestesiología también.
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